sábado, 17 de abril de 2021

Sin planos ni planes


Que la vida y el fútbol se parecen ya lo sabía Camus, que dejó escrito que todo lo que había aprendido sobre moral se lo debía a este deporte. Hace unos años entrené a un equipo de chicas en riesgo de exclusión social en Usera. Nada más llegar les dije:

–¿Queréis ganar o divertiros? Si queréis lo segundo, haceos a la idea de que vais a perder mucho. 

Para decirles esto me basaba en mi experiencia como futbolista en la adolescencia, muy buena en el colegio y en los entrenamientos, donde podía jugar como me daba la gana y cambiar posiciones en el campo, pero muy mala en los partidos oficiales que disputé. El fútbol de competición es lo más parecido a la disciplina militar: cada jugador debe atenerse a unos metros cuadrados del campo y desarrollar una serie de movimientos previamente pensados por su entrenador. Es un coñazo.

–Jugar siempre de lateral izquierda –les dije– no es aprender a jugar al fútbol. Para aprender se debe jugar en todas las partes del campo, cambiar posiciones de continuo, ser un día portera y al otro defensa o medio o delantera.

Pero así se pierde. Con la alegría, el desorden y el cambio continuo no se ganan partidos. Exactamente igual que en la sociedad, donde las personas que se imponen no son las más brillantes o las más talentosas, sino las más consistentes: se imponen aquellas que saben reducir sus facultades a las tres o cuatro más mediocres (esfuerzo, orden, disciplina), y saben repetirlas día a día hasta el infinito. Yo animaba a mis chicas a que no perdieran ninguna de sus facultades, a que no se limitaran a-aquello-que-hago-mejor sino que trataran cada entrenamiento de hacer algo nuevo, y solo era inflexible con las chuponas, esto es, aquellas que se quedaban el balón para ellas solas:

–Mira –les decía–, casi todo lo que hacemos es para sentirnos queridos o admirados por los demás. Si no le pasas la pelota a tus compañeras, por más que marques tres goles, ellas no te van a querer y tú tampoco te vas a sentir bien.

Al final resultó que disputamos un torneo y… ¡lo ganamos! ¿Y cómo fue ese milagro, si vengo diciendo que la desorganización y la fantasía no ganan partidos? Sucedió que en mi equipo, integrado por chicas de 8 a 14 años, jugaban dos de 14, que eran ya muy altas y fuertes, mientras que en los otros tres equipos con los que competimos las chicas con más edad eran de doce años. A la hora de la verdad, por mucha anarquía y vamos-a-disfrutar con que jugara mi equipo, mis dos chicas de 14, muy superiores a las demás en fuerza y velocidad, causaban estragos en las rivales cada vez que cogían la pelota, por lo que ganamos los tres partidos y el torneo, si bien con ventajas muy ajustadas.

Aquí está la copa que guardo en Maracaná, pues mis chicas me la regalaron. Primera vez en la historia donde un equipo sin planos ni planes (y sin entrenador de fuste) gana un torneo de fútbol.


 

viernes, 16 de abril de 2021

La costra...

LA COSTRA, el tifus, la cerradura, el horizonte como una geometría de petroleros cargados de gaviotas muertas, la cresta de la noche manchada de sangre amarilla por la aritmética de los meteoros, los opinadores cubiertos de cianuro en las ecuaciones de los diarios, me gustaría que dejarais en paz a las alas no vistas de las tortugas, me gustaría que dejarais de anotar en vuestras libretas de sabios los granos de arena que tocan a cada camello, dejad de contar el número de ciervos de trapo que puede matar con una garra atada a la espalda un tigre de plástico, estoy cansado de las cuentas exactas de los relojes, cansado de la simetría de los espejos, harto de la ciencia de doble forro que impide dormir a las hijas de las amapolas, desearía olvidar que la escritura nació en Mesopotamia como una rama de la economía, desearía olvidar que en las bibliotecas de Madrid ni los perros mejor adiestrados encuentran la sección de poesía, ojalá os arda vuestra lindísima cabellera demasiado peinada de logaritmos, ojalá os muerda en el centro del páncreas una mosca con boca de cocodrilo, ojalá os tropecéis con el número ocho y os caigáis por las escaleras, me hace daño el nivel de colesterol que me causa vuestra presencia, me hace daño el tintineo de vuestro dinero, oléis a dinero, vuestra voz suena a dinero, vuestro pulmón suena, vuestro hígado suena, vuestro corazón lleno de pelos, a dinero!  


 

jueves, 15 de abril de 2021

Las flores del calabacín


En mi caserío Astobieta teníamos flores de muchas variedades, pero cuál fue mi sorpresa cuando Iratxe, una de las primeras veces que vino, se quedó pasmada ante una flor en la que yo no me había fijado en mi vida.

—Esa flor —me dijo abriendo mucho los ojos—, ¿cómo se llama esa flor?
—¿Esa? —le dije yo, flipando—. Esa… esa es la flor del calabacín, Iratxe.

Es como fijarse en las flores del cardo, que también son bonitas, por cierto. Como los calabacines se siembran con un objetivo alimenticio evidente, nadie se fija en sus flores de amarillo vivísimo que a veces lindan con el anaranjado, flores que luego frutecerán en lozanos calabacines. Hasta que llega la Iratxe de turno, el asterisco que aparece entre un millón de asteriscos, el Stradivarius de las mujeres, y le encuentra la belleza que realmente tiene y que nadie osaba decir porque… ¡cómo vas a elogiar a las flores del calabacín!

Me he acordado hoy de esta historia, no sé por qué. No se fijó de mi caserío ni en las rosas ni en los claveles ni en las calas ni en los geranios ni en los gladiolos: solo se maravilló ante la señora flor del calabacín.



 

lunes, 12 de abril de 2021

Pasa que el humo...

PASA QUE EL HUMO, pasa que el viento, pasa que a la noche no le encendía la luciérnaga, pasa que bebieron del agua sucia de las nóminas y ahora caminan sobre sus manos, haciendo contorsiones, llenando los barriles hasta los topes, como números primos que bailaran la polca, heridos y denunciados, aplastados por la hucha de los logaritmos, engañados por el becerro sin oro, etc. Mirad: este era Esteban, también él era un hombre de fuego; mirad, esa era Marta, también ella comía salamandras; mirad, ese era Jordi, todos lucían dentaduras perfectas hasta que les cambiaron la contraseña, todos ronroneaban hasta que les rompieron el fémur con hachas octogonales, hasta que les clavaron con un alfiler en la colección de personacosas, hasta que les desvalijaron la parte del plexo y ahora malviven, ahora se pasan los días frotando huesos de gato, tratando de arrancar de lunes a viernes sus cerebros diez veces averiados, son como hormigas muertas que aún recuerdan el hormiguero, son como actores que se aprendieron todos los papeles y ya no distinguen la verdad amarilla: mirad cómo beben el cartón de vino de las estrellas, mirad cómo palabrean a la policía, mirad cómo reinan en la morgue Madrid, la ciudad de los más hermosos cadáveres.


viernes, 9 de abril de 2021

Con los ojos abiertos


Hace poco pero mucho tiempo,
tanto como un fémur o un mediodía,
yo amé a una chica de ojos azules,
diecisiete años de ojos azules,
doscientos cuatro meses de ojos azules,
seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y nunca le perdonaré
que me dejara con los ojos abiertos,
que me dijera basta con los ojos abiertos,
que me tirara al vacío con los ojos abiertos,
que me pasara a pistola con los ojos abiertos,
porque ahora no logro acordarme
de los tiempos felices de sus ojos azules,
los diecisiete años de ojos azules,
los doscientos cuatro meses de ojos azules,
los seis mil ciento veinte días de ojos azules,
y solo me queda su mirada puñal y definitiva,
los ojos azules y traidores,
los ojos azules y póstumos,
increíblemente abiertos aquella tarde,
mientras los gorriones volaban como gorriones
y el cielo era el mismo cielo de todos los días.

 

jueves, 8 de abril de 2021

Del kalimotxo y otras soledades


Me habrán hecho doce o quince revisiones médicas en mi vida, pero la que me hicieron este viernes fue la primera donde la revisora me preguntó por mis relaciones personales:

–¿Cómo? –pregunté.
–Me refiero a sus amigos, a sus familiares, a su pareja, si es que tiene.

Dudé un segundo en contestar, porque sé por experiencia, cuando respondo a esta pregunta en concreto, que suele hacerse un silencio de varios segundos en los que mi interlocutor me mira como si descubriera de pronto que también hay camellos en Noruega. Pero como se trataba de una revisión médica le dije la verdad: que no tengo amigos ni quiero tenerlos, que no he quedado con una chica desde hace cuatro años, ni siquiera para tomar un café, y que a mi familia la abandoné enterita, madre incluida, hace quince años, cuando me fui de Vizcaya, y ni siquiera conozco si están vivos o muertos, lo que además me da igual. Para suavizar un poco mi respuesta añadí:

–Pero vivo con tres gatos: uno blanco, otro negro y otro naranja.

Ella se quedó un poco planchada, con la cara de quien descubre el camello noruego del que ya he hablado arriba, y ya empezaban a ser demasiados los segundos de silencio cuando también se le ocurrió decir algo suavizador:

–Ah…, qué bien…, los gatos…, los gatos abrigan mucho.

Luego me preguntó por la bebida. Le contesté que bebo un litro de kalimotxo al día. Eso no le pareció bien:

–¿Un litro al día? ¿Todos los días?
–Sí, un vaso maxi antes de meterme a la cama y otro al levantarme.
–¡Es una barbaridad!

La revisión a partir de aquí discurrió por cauces normales, aunque no dejé de notar que ella, a raíz de conocer mi soledad irrestricta, me miraba con cara de “menudo personaje que tengo enfrente” y parecía que deseaba terminar la revisión cuanto antes. Pero me equivoqué: justo cuando habíamos terminado se dirigió a mí con un tono raro, cruce de enfermera y sargenta:

–Mira, a mí me importa un bledo lo que hagas con tu salud, no estoy aquí para dar consejos, pero noto que eres una persona independiente y el problema es que esa independencia no la vas a poder mantener en tu vejez si sigues bebiendo un litro de kalimotxo cada día. Tú eliges: si quieres vivir independiente, necesitas dejar el kalimotxo. Si continúas bebiendo, en la vejez vas a necesitar a alguien para que te ayude.

Salí de la consulta destruido. ¡Hay que ver, uno va a una revisión médica tan tranquilo y se vuelve llevando en las manos una maldición para el futuro! Camino de casa, iba pensando en el poeta Leopoldo Lugones, cuyo vaso de cianuro le causó un suicidio tan rápido que no consiguió devolver el vaso a la mesa después de haberlo bebido: sí, pensé, quizá el cianuro puede ser una buena salida dentro de veinte o veinticinco años. Porque la primera posibilidad, la de ponerme “de pronto” a soportar a la gente que me rodea, me es imposible: hace tiempo que me he dado cuenta de que el ser humano, que es algo bastante digno cuando está a solas, se convierte en un primate ridículo cuando se reúne con sus semejantes. Decía Aristóteles que los que viven en completa soledad solo pueden ser dioses o monstruos: cualquiera de las dos opciones me parece estupenda. En cuanto a la segunda posibilidad, la de dejar de beber un litro de kalimotxo al día, que en mi opinión no es para tanto drama como me montó la médica, tampoco tengo ningún margen: esa bebida me permite estar un poco atento, con chispa, es una bebida que me aporta ese plus para alimentar a mis tres egos (egosexo, egosoledad y egoliteratura), y además siempre he estado de acuerdo con lo que dejó escrito Horacio: “No quedarán los versos de los bebedores de agua”.


miércoles, 7 de abril de 2021

Parte el huevo...

PARTE EL HUEVO, pisa la sotana, no dejes que el mandil de tu madre manche tu camisa, no dejes que caiga en un hoyo cuadrado tu canica preferida, recuerda que tu hermana es el primer antílope para ingresar en la manada, recuerda que tu abuelo es el gerundio que destiñe tu clorofila, huye del maestro, huye de la pizarra, huye de los poetas aplaudidos por el estado, no hagas análisis morfosintácticos, no aprendas plantas monocotilédoneas, escupe a Cervantes, escupe a Viriato, demuéstrales que vas a defender tu ratón de juguete, demuéstrales que sabes escribir historias donde los héroes son las hojas de los árboles, comprende que las garlopas se usan para gastar tu talento, comprende que quieren matar tu unicornio, no escuches los consejos, no compres media tapa del féretro, no cubras tu hermosa veleta de roña y dentadura, no bebas de la bazofia del pueblo, no te manches de patria, descubre que la mejor hierba está muy lejos de tu cerca, descubre que la única palabra que no te fatiga es la palabra extranjero, no renuncies al viento, no dejes de masticar las nubes que están llenas de mazapanes, no dejes de mirar el horizonte con ojos bañados en discordia, no te conformes con errores de tu tamaño, no te resignes, no les aplaudas, no les sigas, no les obedezcas.

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Oscuro

Yo que amé del sol
su rayo más rubio
y tuve mi jarra de agua
tan clara como el dos
o el cuatro, tan clara
como el seis o el ocho,
yo que fui ciclán y poeta
silvestre y enamorado,
político y moralista
que al perro llamaba perro
y al hombre injusticia,
yo que fui el más cuerdo
de los hombres que huelen
a lata de cerveza
y
ahora,
ahora voy por las calles
sin amor ni herradura,
más oscuro que el uno
yel tres, el cinco y el siete,
más errado que la muerte,
tan confuso que no acierto
siquiera al teclear las letras
y alugnas se me olivdan
o se par ten o di vi den
o camiban de lug r s
o desap rec n...


 

miércoles, 24 de febrero de 2021

Nos quieren devolver


Me pasó algo triste cuando fui con mi gato Kobe al veterinario. Justo cuando llegué, una chica le estaba contando a la veterinaria que el gato que había regalado a su abuela, nueve días después de la compra, seguía sin dejarse tocar. Lo que le respondió la veterinaria me dejó espeluznado:

—Espera hasta dos semanas y, si entonces sigue sin dejarse tocar, vete a la tienda donde lo has comprado y pide que te lo cambien, porque lo más seguro es que sea así de arisco toda la vida.

Pensé de inmediato en mi gata Lorca, que seguía sin dejarse tocar un mes después de que me la regalaran, y todavía un año más tarde su primer impulso al verme era meterse debajo de la cama. Esta gata sigue tratando con mucha distancia a mis dos gatos sociables Kobe y Broma, y, si alguna vez la medio piso sin querer, se pasa diez días sin querer subirse a mi regazo, rumiando su rencor, como si la hubiera pisado queriendo. Pero nunca se me ha ocurrido “devolverla”, ¡y cómo lo iba a hacer, si es una gata igualita a mí, que también soy raro y rencoroso y no me doy a los demás! Pues ya veis cómo trata la sociedad a los gatos que no se dejan tocar (a los humanos que no nos dejamos tocar tampoco se nos trata mucho mejor). Ese mismo día, cuando Lorca se me subió a las rodillas, se lo dije muy claro:

—Nos quieren devolver, Lorca. No les bailamos el agua y eso les jode mogollón.


jueves, 18 de febrero de 2021

Solo libertad


Solo ensuciar la chaqueta metálica de la noche
..........hasta que salte el leopardo que duerme en la avellana.
Solo agitar la corbata planchada de los relojes
..........hasta que estalle el cristal que defiende la prosodia.
Solo escribir como si fuera la última vez.

Decir, por ejemplo:
El coche que mató a Lady Di daría para un buen anuncio
..........de acordeones.
Decir, por ejemplo:
Me gustaría coger una ola tan alta como el largo de tu pelo,
..........y correrme despacio en tu cara
..........como si fueras una activista de Greenpeace.

Solo atacar las hebras nerviosas del aire
..........como si cada día fuera el colmillo sediento de un perro.
Solo crujir el teclado de las ocho horas
..........con la serpiente de madera de tu maldita ambición.
Solo soñar.

Decir, por ejemplo:
Aquel muchacho aprendió tanto aquella noche
..........que su cerebro ya no cabía por las puertas
..........de El Corte Inglés.
Decir, por ejemplo:
El escote de Rachel Welch ofrece espacio de sobra
..........para que vivan dos avispas y tres clavicordios.
Decir, por ejemplo:
¿Es cierto que el rey vendió a su padre? ¿Es cierto que el
..........rey mató a su hermano? ¿Es cierto?

Solo atajar las líneas rectas de los funerales y crear
..........nuevas variedades de ruido.
Solo gritar sin que pidan gritos y comer carne de ciervo
..........por ninguna necesidad.

Solo libertad
dentro del poema
solo libertad 
solo.


Fui mancha...

FUI MANCHA, fui venda, fui herida, de mis siete cerebros salían balsas desesperadas buscando su catarata, de mis labios palabras muertas que se varaban en la tráquea, sabía que el disfraz de persona se me rompe por las axilas, sabía que el disfraz de humano se me despega a diario por culpa de las carcajadas, soy un gato que solo se deja acariciar en tejados a punto de desplomarse, soy un grano de arroz que aborrece las paellas, una isla que odia los archipiélagos, un lobo que nunca comerá vuestros corderos aunque me los pintéis de oro, aunque me los adobéis de esmeralda, aunque me améis por encargo y me llaméis por mi nombre por vigésima vez cambiado, sabía que mi futuro era la cárcel o la poesía, sabía que mi futuro era la poesía torcida y desatada, no la poesía de cielos azules ni de manos abiertas, no la poesía que parece que está mirando a la cámara mientras pronuncia la palabra "patata": la poesía que yo amo es el jaguar que lleva un caimán de juguete en la boca, es la petunia carnívora, es el jilguero afónico, es el grillo borracho, ¡la poesía que yo amo es el caballo cansado de yeguas que intenta aparearse con los postes del telégrafo!


 


Mi ciudad

En la portada,
American Express y calle Preciados,
capital cultural, nosotros los españoles,
el oso y el madroño, treinta años de paz,
cristal y aluminio, plasma y poliuretano,
en esta casa nació Lope de Vega,
y escrito sin querer en endecasílabo:
“Gracias al Rey llegó la democracia”,

.......................y en letra pequeña,
.......................ratas oriundas y cajeras ecuatorianas,
.......................peones y lavatrices a seiscientos euros,
.......................Angélica x Eduardo, viva la República,
.......................navajazos y jeringas, putas y pintadas,
.......................mientras en calculado verso libre
.......................el policía pide al marroquí:
.......................“Muéstreme la documentación”.

Yareni y Sara contra la tribu y el imperio


Que los más ruines de la patriotería presuman de un tiempo a esta parte del papel de España en la conquista de América me pone de tan mal humor que estoy por escribir una novela de aventuras, el Astérix de América, para hacer frente a tanto imbécil y mala gente, siguiendo el ejemplo y megalomanía de Balzac, que escribe a la condesa Hańska: “La situación exige que escriba una obra maestra”.

El argumento sería el siguiente: año 1585, todo el centro y sur de América está controlado por España. ¿Todo? Todo no: existe una tribu indígena que resiste al invasor. Allí vive Yareni (papel para Jennifer López), mujer del jefe de los textecas, tribu de asombrosos saberes mágicos y alianzas con plantas y animales. Felipe II, desde su corte de Madrid, no puede contener su indignación y envía al mejor de sus capitanes para someter de una vez a la tribu indígena. La mujer de ese capitán es Sara (papel para Elsa Pataky).

En la novela relato las crueldades sin cuento de los soldados imperiales, pero a la vez relato las crueldades no menores de los indígenas (en realidad, mi libro se aleja mucho de Astérix), que rivalizan con los españoles en canallismo y barbarie. Con este paisaje de fondo, y por diversos acontecimientos fortuitos, hacen amistad Yareni/Jennifer y Sara/Elsa. Primero luchan por convencerse de la superioridad y racionalidad de sus respectivas religiones y costumbres (grandes diálogos entre ellas donde dejo en ridículo las tradiciones y ritos de ambas), luego surge el amor, finalmente el sexo…

Es el fin. Ni los indígenas ni los españoles, ni siquiera los frailes dominicos, están dispuestos a permitir tanto. Tanto Jennifer como Elsa son condenadas a muerte por aberración sexual y simpatía por el extranjero. Mientras arden en la pira se lanzan besos con lengua y se frotan el clítoris.

La novela termina con una tregua entre los españoles y los textecas, cuyos jefes guerreros se invitan a cenar. La escena final es exactamente igual que en Rebelión en la granja, solo que donde Orwell iguala a los cerdos con los humanos, yo igualo a los españoles y a los indios. Españoles e indios = la misma mierda.

Tiene que quedar muy clara la moraleja final: solo existe el individuo, que solo se realiza en el amor. Los principales enemigos del individuo y del amor son el clan (la familia), la religión (chamanes indios y sacerdotes católicos), la tribu (los textecas) y el imperio (España).

Por supuesto, las escenas lésbicas entre Jennifer y Elsa van a ser lo mejor del libro y me van a convertir en el Henry Miller del lesbianismo.

Empiezo a escribir la novela YA.


 


La caída

Fue mi historia con ella
como tirarse del décimo
y encontrarse en el aire
con una mujer
que se había lanzado 
del noveno: 
pensé que nos unía el amor,
pero
solo
nos
unía
la
caída.


 


Los pajeros


Los pajeros. Lo mal vistos que estamos los pajeros, incluso entre las personas más abiertas (todo el mundo cultural madrileño es abierto hasta que hablas de los inmigrantes y los pajeros). Anarquistas de los más acérrimos he conocido yo que, para descalificar a alguien de forma definitiva, te dicen:

–¿Ese? Bah, ese es un pajero.

El pajero tiene la misma fama que la mayor gentuza sin haber hecho ni la mitad de cosas malas. En puridad: sin haber hecho ninguna cosa mala. El pajero está visto como una persona turbia, marrana, acomplejada, colgada, psicológicamente descompuesta. A nosotros se nos dirige la misma acusación que a las feministas radicales: como se dice que no follamos, que somos feos, gordos y no triunfamos en el amor, se deduce que nos hemos vuelto pajeros (nosotros) y feministas (ellas).

Yo me pregunto: ¿de dónde procede tanto rechazo, para el poco daño que hacemos?

En el rechazo al pajero hay dos mil años de cristianismo.

En el rechazo al pajero hay dos mil años de penetradores, de activo vs pasivo, de sexo entendido como dominación y humillación del otro. Hay 150.000 años de odio al individuo, de rechazo a la singularidad, de calumnias al que no sirve para formar rebaño.

El pajero es pura fantasía y transgresión que supera fácilmente a cualquier relación sexual. ¿Quieres follarte a tres mujeres a la vez con tres pollas tuyas, quieres que tus mujeres tengan pollas, que tú tengas clítoris? ¿Quieres que cada mujer tenga dos o tres agujeros más, quieres tenerlos tú mismo? Eso es muy fácil de hacer para un pajero.

¿Crees que Rihanna o Beyonce son mujeres inalcanzables? No es cierto, están al alcance de una paja.

¿Crees que es imposible superar el cordón de seguridad de la reina Rania de Jordania? No es cierto, si eres un pajero.

¿Crees que no es posible entrar en el vestuario de Serena Williams y ser maravillosamente sodomizado por ella? No te preocupes, nada es imposible para el Sr. Paja.

En las pajas he sido homosexual, travesti, tranny, camarera; en la pajas he follado encima de una bicicleta (y nunca dejamos de pedalear); en las pajas me he enamorado de un buzón de correos y de un maniquí de escaparate; en las pajas he ido más allá de mí, he ido a veces contra mí: he sido mejor de lo que soy, me he superado.

En las pajas he hecho cosas que vosotros los pobres penetradores no haréis ni en sueños; que vosotros los merodeadores de simples cuerpos reales no conoceréis jamás. Casi me dais lástima, pobres seres cuadrados de mentes cuadradas y pollas cuadradas, lástima vuestra falta de imaginación, vuestro porno barato, vuestros límites. ¡Lástima vuestra limitada masculinidad orgullo de vuestras limitadas madres!