domingo, 1 de marzo de 2020

Haré lo que sea...


HARÉ LO QUE SEA para cambiar de máscara a mitad de caballo y no entrar en la línea de meta donde reinan los mercados del hombre. ¿Veis esa peonza de niño? Así soy yo, con mucho alcohol y mucha curva y mucho trueno en los cordones desatados. Si pudiera correr más torcido, si pudiera soñar más antiguo, si en los tétanos de mi cuerpo hubiera una tecla para deshacerme… Mi yo siempre es el deseo de otro yo a punto de corromperse: si quieres dispararme solo matarás a un yo hace tiempo abandonado. En los hombres que fui no me encuentro; en los hombres que soy no confío; en los hombres que seré voy ensayando una gran carcajada: ¡Jamás reconoceré la autoría de los textos que se escribieron con un nombre que ya no es mi nombre, jamás aceptaré a las células que insisten en un cuerpo que ya no es el mío, jamás perdonaré al espejo que me devuelva una imagen que no me mueva que no me estire que no me despedace!



jueves, 27 de febrero de 2020

Nada


Lo mío siempre fue nada, a los diez ya había descubierto las nadas azules y las nadas blancas mientras los demás ya ingresaban en el equipo del pueblo o la banda de música del colegio, a los dieciocho ya me revolcaba en las nadas del miércoles y las nadas del jueves mientras los demás ya perseguían el algo de una carrera o un doctorado, el algo de un carnet o un máster mientras yo seguía en mi nada, nada de títulos, nada de familia, nada de trabajos, los demás ya estaban fundando el algo de una boda o el algo de unos hijos mientras yo seguía perfecto y como siempre, aferrado a mi nada, nada de compromisos, nada de hipotecas, nada de propiedades, los demás ya eran un algo respetable que acudía a las urnas y adquiría un piso en la costa mientras yo seguía en mi nada estéril y presuntuosa, mi nada que se dice a sí misma, a carcajadas: ¡ya podéis hincharos y ahogaros de algos que yo soy feliz repleto de ceros, mirad cómo flota mi nada!



domingo, 23 de febrero de 2020

Autorretrato


Este que veis desgarbado, sin percha ni músculos ni nada prominente salvo su nariz, que sostiene que su fealdad es una belleza “a la que aún no ha llegado su momento” y prepara una tragedia en la que Picio asesina a Adonis,

este cuyas luchas casi únicas son las intestinas que mantiene en la asamblea de voces que es su cabeza, en la que no se respeta el turno de palabra, tan confusa que a veces se prohíbe hablar consigo mismo para evitarse malentendidos,

este que alardea de haber pintado 1487 graffitis en las paredes y cubos de basura de Madrid, y reta a la policía madrileña a que cambie sus agentes por otros del equipo jamaicano de atletismo, con el fin de que tengan alguna posibilidad en las persecuciones,

este que se ve a sí mismo como el Garibaldi del aerosol y el Espartaco del rotulador permanente, como si las frasecitas cómicas que pinta hubieran tumbado a algún gobierno o fueran el insomnio del Ibex 35,

este que escribe con un tenedor de verdad y cuatro cucharas de mentira, siempre arrimado a su antena hiperbólica, con la que ha presentado una versión del amor muy parecida a caminar desnudo entre francotiradores por las calles de Beirut,

este que mira con ojo fenicio a las mujeres tóxicas, a las que se acerca con la miserable idea de convertirlas en poemas, pues se le ha oído decir en las tertulias, con frío cinismo de esquimales, que “si una mujer no es capaz de hacerte daño, nunca se volverá inolvidable”,

este que es sissy travesti y tan andrógino que, emplazado por algunas chicas a que demuestre con hechos las insinuaciones eróticas que les lanza por WhatsApp, a la hora de la verdad se da a la huida, dejando su masculinidad más cuestionada que la Sábana Santa,

este que gusta de mirarse al espejo con sus propios ojos e insiste en ver un héroe donde los demás solo ven un bufón, un lobo solitario donde los demás solo un cordero asustado, y, puestos a reconocer defectos, solo se encuentra alguna “laguna” donde los demás le encuentran el Mar Caspio,

este que de la humildad aún no ha tenido conocimiento, y mantiene su ambición tan a salvo de sus continuos fracasos que a su muerte necesitará un doble ataúd, uno para su cuerpo y otro para su ego, 

este que ve opresiones por todas partes y ha insultado y escupido a la familia, la amistad, la patria, la iglesia, la escuela, los partidos, los sindicatos y toda asociación cuyos miembros superen la cifra de uno,

con tanta coherencia que ha terminado recluido en el desierto perfecto de un piso de Carabanchel, con tres gatos y una soledad en su caso muy merecida, dedicado a masturbarse y peinar sus rencores,

este es el que se hace llamar Batania y también neorrabioso.



sábado, 8 de febrero de 2020

Lo que quiero que quisieras


Lo que quiero que quisieras lo que quiero que quisieras.
Que mis tejas sean tuyas lo que quiero que quisieras.
Que tus grifos sean míos lo que quiero que quisieras.
Lo que quiero: viva Rabia. Que quisieras: Golondrina.
Lo que quiero: Trueno y Noche. Que quisieras: Babilonia.
Quiero vino quiero agua quiero rojo que quisieras.
Quiero sucio quiero hierro quiero punta que quisieras.
Quiero arderte lo que quiero martillarte que quisieras.
Quiero andarte lo que quiero recorrerte que quisieras.
Tu amor es lo que quiero. Tu céfalo es lo que quiero. La puta
felicidad es lo que quiero. Hacerte sentir las veinte uñas contra
el asiento de un coche lanzado hacia siempre es lo que quiero.

Que quisieras.



Planté un antiárbol donde no se pudieran posar pájaros de colores existentes


Porque nunca me he aceptado puedo volar como un buitre, yo que no soy un buitre; puedo correr como un ciervo, yo que no soy un ciervo; puedo nadar como un barbo, yo que no soy un barbo. Porque he forzado mis centros y me he arrancado las raíces, porque me he insultado y despreciado hasta volverme un minotauro imposible, ¡porque nunca he transigido ante la templanza y la mesura, porque nunca he aceptado mi lugar ni mis límites, porque nunca ha cedido mi odio ante vuestro mundo y su horrible serenidad!



La puta de Montera (poema del heterónimo Burro Burrosqui)


Aquella puta cuarentona
que me calcé por treinta y cinco euros
en Montera.

Aún la recuerdo.

Me dijo
que si pusiera una detrás de otra
todas las pollas
que se había tragado en su vida
podría hacer una cadena que cruzara el Atlántico.

No parecía bromear.

Aquel día volví a casa muy jodido:
¿Tantas pollas
como para hacer una cuerda hasta Tegucigalpa?

Desde entonces no escribo.

Por más que busque el poema,
yo nunca podré hacer
nada tan grande.



Si no puedo contarlo no quiero amarla


Escribo sin querer y porque a ella le da la gana. No sufro ni trabajo, tan solo abro el cuaderno y las natalias que guarda mi mente, con coleta o sin ella, van saltando a las hojas con las manos limpias y se ponen solas en las líneas, una a una, mientras fuman fuerte o tararean canciones de Nacho Vegas. Qué espectáculo verlas correteando por el papel mientras se van probando las letras, la natalia de allá una hache, la de acá una uve, la del medio una zeta, la del fondo gritando, chicas, queda media hora, salimos en el blog a las 10:45, la entrada se llamará Si no puedo contarlo no quiero amarla, estáis avisadas.

Basta con enamorarme para que la amada me escriba todo y me sea todo, lo mismo la rana y la princesa, el hangar y el avión, el atril y el poema. Solo perseguí a esta chica porque me parecía la mejor de todas, la hembra de mayor cilindrada. Y eso debe saberse. Que se sepa, que se sepa.

Nada de quererla en secreto o amarla sin decirla. ¿Queréis que sea feliz en la sombra, sin tambores ni cablegramas? ¿Que sea humilde, de verdad humilde y qué asco humilde? No, lo siento. Yo no he estudiado de eso. No concibo a Natalia sin festejarla. Si no puedo presumir no quiero vivirla. Si no puedo contarlo no quiero amarla.



Palabra de troll


Sí, soy un troll. De esos que no tienen vida ni novia ni amigos. De esos que en la calle no tienen ni media hostia pero se vuelven muy valientes delante de las teclas de un portátil. Ya sabéis lo que hacemos los trolls. Nos dedicamos a joder al prójimo. Allí donde notamos algún consenso o algún lazo social, aparecemos para arruinar la fiesta. Siempre sin dar la cara, por supuesto, escudados en multinicks y seudónimos, solo por estar a la altura de nuestra miseria. Estamos amargados, somos rencorosos, nuestro interior rezuma odio, somos gentuza. No podemos tolerar que algo triunfe o que la gente sea feliz, no soportamos a los que se elevan y brillan y tienen talento porque nos recuerdan lo que somos nosotros, unos tristes pajilleros mediocres que malviven en un antro lleno de cucarachas. Así somos los trolls. Como soy uno de ellos, quería comunicaros que no voy a votar en las elecciones del 28 de abril y que ya he encargado la camiseta “SÍ, YO ME QUEDÉ EN CASA EL DÍA EN QUE ESPAÑA VOTABA AL FASCISMO”. Sí, eso voy a hacer. Porque soy un troll. Y como troll pienso que el fascismo ya había llegado, que el fascismo es El Tarajal, las concertinas, los CIES, las repatriaciones exprés y las redadas según el color de la piel. El fascismo es indultar a policías condenados por torturas. El fascismo son los miles de ahogados en el Mediterráneo mientras se impide que el Open Arms salga del puerto. El fascismo es que los sin techo y los inmigrantes no tengan derecho al voto. El fascismo es que te obliguen a pertenecer, amar y defender el lugar donde simplemente quieres vivir, en nombre de una palabra, “patria”, que me da asco y a la que deseo su fin más próximo. Así que meteos vuestra papeleta y vuestra "fiesta de la democracia" por el culo. Fijaos bien en lo que he dicho: que os metáis vuestra papeleta por el culo y que deseo ver con mis propios ojos el fin de España. Si seré miserable. Si seré escoria. Si seré pedazo de troll.



La Iratxe mía


Iratxe, deja en paz a mi Iratxe,
recoge el caracol dorado de Acapulco
y cómprate un reloj de agujas algodonas,
desbatániate, no leas mi blog, no leas mis versos,
abandona el metal de mis trenes sombríos
y aspira las begonias serenas del ocho,
pero deja en paz a la Iratxe mía,
no ladres a la Iratxe mía,
no la cites,
no la roces,
corre y olvida y escapa y vuela sobre Susa,
perfúmate en lavanda o en cerezas rojas,
vete a Pekín y a Florencia, toca sus cuadros,
visítate, postálate, muséate, catedrálate,
sorbe del París entero el gris de sus gárgolas
y no te olvides el pasaporte español en casa,
pero deja en paz a mi Iratxe,
no hagas llorar a mi Iratxe,
no la confundas, no la pretendas,
no la compares.

Míos son el gorrión y la ronquera.
Yo soy el que ha curvado el viento, yo
fabriqué el arpa de las confusiones,
yo soy el que canta.
Quédate contigo la tuya Iratxe
pero deja conmigo la Iratxe
de mi Iratxe mía.



Antiprospecto para recomponer los añicos de tu adulto roto


Pobrecito. Que te crees que es fácil recomponer los trozos de tu adulto roto, uno a uno, a la misma velocidad de esos puzles que se venden en las tiendas por tres euros, con sus piezas exactas y el modelo original a la vista, pero no. Un ser humano como tú, con sus doscientos huesitos y seiscientos musculitos balanceándose dentro de tu cuerpo, cuando se cae y se rompe, nunca encuentra todas las piezas en el suelo, por más que busque, y las que encuentra ya no encajan por culpa del golpe. ¿Y además cuál es el modelo que quieres recuperar, a ver, acaso te acuerdas bien del adulto que eras antes de romperte? Te diré más: ¿acaso fuiste alguna vez un adulto entero, sin ningún golpe siquiera, acaso existió ese adulto completo? Recomponer un adulto roto con un cerebro-culebra tan cambiante como el tuyo puede ser muy divertido: puede ocurrir que fueras un caballito de mármol antes de caer al suelo y, al reunir las piezas y pegarlas, ¡tu caballito se vuelva una golondrina, un cactus o una bolsa de espinacas! ¿Y estás seguro de que este que hoy consideras un adulto roto no será mañana un adulto incólume, intacto, redondo, cuando suceda que te rompes de verdad? ¡Si sabrás tú ni medio centímetro sobre ti mismo, por culpa precisamente de andar venga a pensar y repensarte, que ni un segundo eres capaz de pasar al día sin darte vueltas, transcurriendo solamente, disfrutando del aburrimiento, sin desmenuzar las cosas ni entregarte a la maldición de los significados!



lunes, 23 de diciembre de 2019

Mucho cuidado


Hacerte qué. Hacerte una cerbatana y soplar contigo, encenderte y preguntarte, a que no sabes cuántos pétalos tienen los jilgueros, a que no conoces el árbol del que proceden las amapolas, a que no te atreves a subir conmigo el Jungfrau.

A que no te atreves a escribir MURCIÉLAGO en el escaparate mientras el segurata mira hacia el miércoles, a que no te aprendes conmigo todos los estados de México, a que no te subes al tobogán del leopardo continuo, a que no.

Te diría una palabra sucia. Pero una palabra sucia que se engarza a otra sucia hace una frase limpia: de fuentes sucias nacieron Lady Godiva y los caballos de carreras, de ahí las peonzas y el número nueve, las escarolas y tú.

Hacerte qué. Manosearte, mordisquearte del fémur al cerebelo, lamerte todos los pensamientos tuyos que tienen hache y, sobre todo, chuparte muy despacio la coronilla: ¿sabes lo que me gustan las zonas de tu cuerpo que tú no ves pero yo sí veo, las zonas que no posan ante el espejo y también amo?

Te lo dije: Mucho cuidado con dos personas que se están besando. El mundo se vuelve al revés cuando dos personas se besan: ¡toda Roma empieza a tocar la cítara mientras arde Nerón!



El búfalo que consiguió salir de la avellana


No es que sea un hombre negativo o un cascarrabias, lo único que me sucede es que siempre me he sentido como un búfalo viviendo dentro de una avellana: siempre me he notado maneras de búfalo, galopares de búfalo y querencia por los cielos azules, los prados gigantes y los horizontes abiertos, pero, por desgracia, he vivido casi toda mi vida dentro de una avellana y aún me noto andares de avellana, deseos de avellana e ideas de avellana.

Recuerdo cuando vivía en la avellana Euskadi. Allí me querían enseñar a hablar poco y respetar a Dios, a ser laborioso y discreto, a amar la cultura y las costumbres y los símbolos de la avellana. Yo me esforzaba por seguir las reglas de esa avellana y hacerme avellanista, deseaba amar la bandera avellanista y las leyes avellanistas, pero mi búfalo sufría, porque mi búfalo deseaba justo lo contrario: mi búfalo quiere tener docenas de dioses, hablar mucho, gritar y pasar de las reglas, además de tumbarse en medio del prado, sin hacer nada, y pacer cada pocos días en un nuevo prado lleno de hierba nueva.

Recuerdo cuando vivía en la avellana España. Esta era una avellana más grande y allí me enseñaron muchas cosas, por ejemplo los ríos y la historia y también me enseñaron a leer, pero casi todos los ríos eran ríos de España y la historia de España y las lecturas de España. Y claro. Yo, como búfalo que aún no había corregido mis deseos de búfalo, sufría también en esa avellana: yo quería vadear todos los ríos, cruzar todos los puentes, conocer todas las historias y tenderme en el prado a leer a cualquier escritor del mundo, de esos tan grandes que no entran en una avellana.

Me sentía muy confundido. Hasta empecé a renegar de mis andares e ideas de búfalo, con el fin de evitarme problemas con otros compañeros de la manada. Llegué a dudar de mí: ¿era yo un verdadero búfalo o me lo estaba inventando? Lo que más me confundía era que otros compañeros míos, no solo búfalos sino jirafas y hasta elefantes, se sentían muy cómodos viviendo dentro de una avellana y hasta me decían que les sobraba espacio.

Yo no. Yo estaba harto. No creo que las avellanas sean buenos lugares para que vivan los búfalos. Porque de tanto vivir dentro de una avellana acabas pensando solo en lo que ocurre dentro de la avellana. Y si se te ocurre pensar en un baobab o un iceberg, por ejemplo, los tienes que reducir para que te entren en la avellana. Pero retrasaba de continuo mi huida porque tenía miedo… ¿Y si era cierto, como decían los avellanistas, que dentro de la avellana está lo más importante y además lo único? ¿Que fuera no existe nada?

Pero un día me decidí. Sabía que era difícil romper la avellana, porque los avellanistas refuerzan cada día la cáscara para que no puedas salir, pero lo hice. Ya no sé cómo. Solo recuerdo que antes de echar a correr por el prado, ya para siempre búfalo, di dos pasos hacia atrás para tomar impulso y me dije:

—Ahora veréis.




El amor es el número del caballo al que apostaré todo


Yo que era tan necio
como un mapamundi o un diccionario,
ahora que te amo
me siento una biblioteca llena de tigres,
cada libro una garra de tu melena,
y además he aprendido solfeo
en doce minutos,
yo solo,
mientras pensaba en tu clítoris
sobre un piano sonriente,
yo que era tan torpe
y ahora soy un atleta jamaicano,
yo que era tan lento
y ahora soy un piloto de carreras,
yo que no me orientaba
y ahora encuentro en tu cuerpo
todos los lugares.



sábado, 26 de octubre de 2019

Se va a caer


Ningún sin papeles será detenido esta noche en Madrid;
cuando la mujer que amo se acerque y me bese en los centros,
las patrullas huirán acosadas por troyas de niños salvajes.

Me besa y siento que cae El Corte Inglés. Me besa
y se apagan las luces de La Caixa. Me besa tan alto
que quiebran las bolsas, y muere el dinero,
y sufre el anciano incoloro de los metales.

Se va a caer el sistema si me sigue besando.
Con besos pedrada contra los lunes.
Con besos de lapa bajo los coches.
Con besos saliva contra las balas.
Con besos tornillo contra la usura.

Se va a caer, en serio, se va a caer.
Se están despertando los osos del viento.
Estamos a punto de vivirnos. Si
me sigues besando tan alto se va a caer,
Natalia, se va a venir al suelo
El Corte Inglés.



miércoles, 16 de octubre de 2019

Por si acaso


Por si acaso. Porque nunca se vio césar derrocado por un verso o guerra detenida por un libro, pero por si acaso. Nunca se curó la enfermedad con una metáfora ni cedió el hambre con un adjetivo, nunca se detuvo un banquero ante una coma ni temió un general el alfabeto fenicio, pero por si acaso (seguiré escribiendo. seguiré intentando. aunque la literatura no pueda. aunque la palabra no alcance. aunque mi voz no sirva. contra los fabricantes de muerte. por si acaso.)