lunes, 27 de marzo de 2017

No quieres hacer la vida que te toca


Lo peor es cuando terminas un capítulo y la máquina de escribir no aplaude
ORSON WELLES


Ni los libros ni los bares ni las pantallas blogueras llevan la poesía al pueblo, me dije mientras le daba vueltas al segundo hemisferio de mi peonza, no sopesando las ideas sino empujándolas hasta la nuez del fondo, hasta el núcleo: lo que sucede realmente es que todo el mundo hace versos para gente que hace versos y ahora, socializadas las nuevas pistas de aterrizaje, desde el más poetísimo al poeta más cariado puede llegar a los otros poetas, fíjaos bien en lo que digo, los poetas forman tal plaga de langostas que hacen la ilusión de público pero no hay tales carneros, seguimos sin llegar al pueblo, la palabra gente sigue siendo un megaterio. ¿Quiénes acuden a las secciones de poesía de las bibliotecas o librerías salvo nosotros? ¿Quiénes abren blogs y quiénes los leen salvo nosotros? ¿Quiénes van a los bares de poetas salvo tú y tú y tú, joder, si ya os vi el pasado miércoles, si es siempre la misma culata y el mismo gatillo, siempre los mismos?

Llegado a este punto tuve que hacerme las preguntas definitivas. ¿Existe una manera de llegar con poesía a la gente que no acude a la poesía, que es casi todo el mundo? ¿Se puede llegar a Jaime el del cuarto, a Rafaela la del ático, al carnicero y a la modista, incluso al gato, aunque para ello no deba convocarles sino acudir hacia ellos, no citándoles sino saliéndoles al paso, casi agrediéndoles? Puestos en esta tesitura pensé, ya con el colmillo alegre, ¿existe una modalidad de poesía donde cada error del poeta merezca un castigo, una modalidad que evite la logorrea versimotora y donde se recuperen las ventajas y desventajas de la censura? Y ya en el colmo de la masturbación: ¿sería posible que a la sola vista de mis versos la gente no sólo aprobara sino dijera algo más fuerte, un “ESTE TÍO ES EL PUTO AMO” o, puestos a desaprobarlos, no se quedara en una mera negación sino en algo más agresivo, un “QUÉ HIJODEPUTA EL QUE HA ESCRITO ESTO”?

Serían las tres de la madrugada cuando me vinieron los deseos de correr: yo sólo quiero eso, me basta con ser un segundo más joven que ellos. Había comprado tres aerosoles Pinty Plus de color negro en una tienda de chinos, dos euros cada uno, y me fui a la calle Los Pajaritos, donde había visto una pared con aspecto de caerle bien (pero no: no es cierto que me guiñara un ojo). Mientras le hacía la pintada NO QUIERES HACER LA VIDA QUE TE TOCA no paré de mirar a todos los lados, más histérico que otra cosa, pues sólo empecé a disfrutar del miedo quince o veinte grafitos más tarde, y con los nervios ni siquiera advertí que había escrito la letra Q sin el rabito, igual que la O, y parece que digo “ouieres” en vez de “quieres”. Por la tarde le eché unas fotos: el pedazo gilipollas que aparece en la imagen soy yo. Era mi primera pintada, fea como todas y grande como siempre, como pensada para personas con la prueba del oculista no superada. Recuerdo que volví a casa muy contento, como si hubiera matado a un cíclope o hubiera rendido Cartago. Ya he dicho que sólo quiero correr: yo sólo frenaré cuando vea a mi padre. Era el 25 de agosto de 2008.