miércoles, 3 de mayo de 2017

A los veinticinco años


La gente de Madrid se mata a los veinticinco años.

La gente de Madrid nace
blanca y crece en rojo,
pero se mata a los veinticinco años.

La gente pinta y sueña
cometas y bufandas,
pero se mata a los veinticinco años.

Se abre en la cuna
y ríe adolescente,
pero se mata a los veinticinco años.

Se cuelga en la soga de la hipoteca.
A los veinticinco años.
Se tira del séptimo del matrimonio.
A los veinticinco años.
Se toma el veneno de los hijos.
A los veinticinco años.
Se pega el tiro de las ocho horas.
A los veinticinco años.

Aquí siempre trabaja el mismo marmolista:
Raquel Merino: muerta a los veinticinco años.
Aurelio Guerrero: muerto a los veinticinco años.
José Carvajal, Julián Gómez, Rosa Cañas,
tus amigos no te olvidan: muertos
a los veinticinco años.

¡Si hubieran salvado a su héroe!
¡Si hubieran vivido a contramuerte!
¡Si hubieran sembrado claveles con alas
o lunes trepando por los trapecios!

A los veinticinco años.
La gente de Madrid se mata a los veinticinco años.
Fallecida de muerte natural
a los veinticinco años.