martes, 30 de mayo de 2017

Ella


De cada cien mujeres en edad de manosearles el corazón sobre un lavabo
treinta huyeron ante la filoxera de mis palabras,
veinte ante la anorexia de mis pirámides,
quince por mi carencia de plomada,
doce por mis idiomas discontinuos,
diez por la polilla de mis muertos,
nueve por mi prosa de tristeza
y tres por mi piel de queroseno,
pero de tantos fracasos emergió
como un bello delfín de juguete
una mujer
que me hace alegrarme de todas
y a todas vuelve perfectas y necesarias:
Desde que ella me besa ya no me duelen las que no me besaron.
Desde que ella me ama ya no me duelen las que no me quisieron.