viernes, 12 de mayo de 2017

Nietzsche y el butanero


El problema de Nietzsche es que se dirige a tu majadero. El majadero es esa voz interior que nos dice que somos diferentes y por tanto superiores al resto. Obsérvese el salto. Sentirse diferente puede llevarte a la normalidad o a la marginación, a la vergüenza o a la rebeldía, pero solo tu majadero convierte esa diferencia en superioridad y desprecio al resto. Yo, te dices, tengo una sensibilidad que no encuentro en los demás. Soy un ser aparte. No soy rebaño. Toda esa gente de fuera no tiene nada que ver conmigo. Me repugnan. Ellos están ciegos y en cambio yo-me-doy-cuenta-de-las-cosas. El mejor alimento para tu majadero son los últimos libros de Nietzsche, donde este helenista adula a sus lectores haciéndoles creer que pertenecen a una minoría selectísima, la única que puede resistir “el aire fuerte” de sus escritos (cuando la realidad es que trabajó el aforismo, el panfleto y la anécdota autobiográfica, que son los modos más espectaculares de escritura, y era cuestión de tiempo que se convirtiera en el autor de masas que es hoy, el filósofo más pop de todos). Y tú te pones a leerlo y te dices: es verdad, siento lo mismo que este tío. Nietzsche y yo somos especiales. Nietzsche y yo somos almas gemelas. En este punto tu majadero ya está borracho y cubierto de ridículo porque al menos Nietzsche, aunque no lo considero para nada un sabio (el sabio que imagino aprende de todos, también de la gente común, mientras que Nietzsche la llamaba canaille), es uno de los grandes genios que ha dado la escritura, y hasta cuando dice majaderías cuenta con la atenuante de su genialidad. Pero que personas perfectamente corrientes, pues nada hay más corriente que sentirse distinto al resto, encuentren en sus diferencias la excusa para sentirse superiores y despreciativas con sus vecinos, tiene menos disculpa. Sucede que Nietzsche se dirige en este punto a una parte animal de nuestro cerebro que todos tenemos, sobre todo los solitarios y los egocéntricos, y no me parece casual que haya sido entre escritores y artistas donde ha obtenido mayor predicamento lo peor de su filosofía. Porque igual que Woody Allen decía que escuchando a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia, yo afirmo que leyendo a Nietzsche te entran ganas de retirar el saludo al butanero.