martes, 29 de mayo de 2018

Los organizados


A los organizados no les importa nada que hayas nacido en un caserío de Lauros con cerezos y manzanos y perales de San Juan. En un caserío donde los cantos de las malvices en primavera ahogan los zumbidos de las abejas.

A los organizados no les parece decisivo que Lauros careciera de autobús y cajero automático y tiendas de ultramarinos. Que en Astobieta no hubiera sofás ni alfombras ni calefacción central ni agua caliente.

Les da lo mismo que tu padre fuera alcohólico y brillante y parco y calamitoso.

Nada les dice que tu vida transcurriera rodeado de cinco mujeres fuertes y de carácter, cinco mujeres como cinco baobabs andantes que todo te lo llevaban y te lo hacían, todo te lo dejaban en la palma de las manos.

A los organizados les resulta indiferente que hayas plantado más de un millón de puerros, que conozcas qué luna es propicia para las acelgas, las distintas clases de lechugas, cómo se capan las plantas de tomate, los centímetros de profundidad a los que se han de sembrar las patatas.

Qué diferencia hay entre una culebra y una víbora, cómo matarlas, por qué las vacas se reúnen en torno a un poste de luz, qué significa, que sepas todo eso no les importa a los organizados.

A los organizados no les compete que nueve décimas partes de tu infancia y adolescencia las pasaras totalmente solo, jugando a pelota solo, caminando con el perro solo, haciendo nada, paseando con el tiempo.

A los organizados sólo les importa tu lugar de nacimiento. Ellos miran las coordenadas espaciales de Astobieta, 43° 18′ 57.96″ N y 2° 55′ 27.98″ W, y a partir de ahí disponen de tu vida. Entonces dicen, los unos:

–Astobieta pertenece a Euskadi.

Y dicen, los otros:

–Astobieta pertenece a España.

Aquella monja que insistió a tus padres para que siguieras estudiando, la hermana Sagrario, la que te salvó de las huertas y las vacas, todo eso les da igual a los organizados.

Aquel profesor de latín del instituto Txorierri, José Antonio Beobide, el que te enseñó los primeros versos de la Eneida y te inoculó su pasión por la antigüedad grecolatina, todo eso es accesorio para los organizados.

Todo lo que te enseñó en la universidad Francisco Letamendia. Todo lo que te enseñó Álvaro Gurrea. Lo importantes que fueron para ti. Qué más les da.

Que la ermita de Lauros tuviera una parte izquierda para que se sentaran las mujeres y una parte derecha para los hombres; que en tu colegio hubiera un patio para las chicas y un patio para los chicos, les parece indiferente.

Que estuvieras rodeado de laurotarras fantasiosos que negaban las versiones de los diarios y se inventaban las suyas propias, qué les va a importar eso.

Los organizados sólo se encargan de las historias grandes. No atienden a los casos particulares. Sólo se preocupan de las estructuras y las esencias y no pueden descender a las personas. Ellos están muy ocupados escribiéndote la historia que debes aprender, los libros que debes leer, los atletas a los que debes animar, el idioma que debe estar por encima y el idioma que debe estar por debajo.

Lo hacen porque saben y están capacitados. Los organizados no dudan nunca. Tú estás escribiendo una historia subjetiva y no sabes ni sabrás nunca si tu padre fue un genio o un loco o un borracho, y eso que compartiste miles de horas a su lado, pero eso no les pasa nunca a ellos. Los organizados escriben con método sobre cosas que nunca han visto y no se limitan a opinar o proponer, no: ellos demuestran. Son sabios. Informan de forma objetiva. Por eso sorprende tanto que las conclusiones a las que llegan unos organizados sobre los mismos hechos sean tan diferentes a las de los otros organizados.

Les da igual que la única memoria de los laurotarras se remita a la Guerra Civil. Que la única constancia que tienen de sus antepasados sea la de que cultivaban la tierra, cortaban la hierba y ordeñaban las vacas.

Nada les altera lo que supuso para ti el descubrimiento de Victor Hugo. Lo que supuso la primera vez que viste correr a Hicham el Guerrouj. El combate de Alí contra Cleveland Williams. La curva de Laguna Seca en la que Rossi superó a Stoner.

Nada les dice tu historia propia, tus libros propios, tus deportistas favoritos, tus cantantes, tu manera de hablar con tu perro, la forma en que te asusta la muerte.

A los organizados nada les importa eso. Son hombres que están muy ocupados tomando decisiones de tu parte y por tu propio bien. Lo único que les importa es la maldita casualidad del punto exacto donde has nacido. Se limitan a mirar las coordenadas espaciales de Astobieta, 43° 18′ 57.96″ N y 2° 55′ 27.98″ W, y se imponen la tarea, los unos:

–Es vasco y hay que adoctrinarlo.

Y se aplican al trabajo, los otros:

–Es español y hay que adoctrinarlo.