viernes, 4 de octubre de 2019

Batania / neorrabioso


BATANIA no es capricho, confeti o taconeo: si me hubiera llamado Ricardo Neftalí Reyes o Lucila Godoy nunca lo habría sustituido por Pablo Neruda o Gabriela Mistral. Pero ocurre que las termitas del pasado trabajaron en contra y cargaron mi nombre y apellidos de connotaciones políticas, ideológicas y territoriales que yo juzgo malsanas, de forma que, al morir mi padre y producirse en mi interior el gran estallido, decidí desprenderme de ellas: de ahí el sueño de escribir. Escribir en político, se entiende, escribir alejándome y denunciando lo falso adquirido, lo sectario heredado, lo nuestro que no es nuestro. Batania no responde a motivos eufónicos ni literarios sino a motivos políticos y existenciales. Dicho de otra manera: me niego al espacio y el tiempo que me han asignado, no quiero hacer la vida que me toca. Por eso a mi tiempo personal lo he llamado neorrabioso: porque quiero ser vehemente, porque quiero ser invasivo, porque quiero demasiado. Por eso a mi espacio lo he llamado Batania: porque quiero ser cercano, porque quiero ser concreto, porque tomo el té de las cinco en el patio de mi contrapaís. Por otra parte, que el nombre de Batania sea femenino no es casual sino premeditado: si escribo es gracias a la tensión entre las tres aes del espacio Batania y las tres oes del tiempo neorrabioso. Me referí una vez al artista como andrógino y sostuve que el poeta ideal tenía su parte de poeta y su parte de poetatriz. Por eso fundé neorrabioso: porque soy macho. Por eso Batania: porque soy hembra.