jueves, 27 de febrero de 2020

Nada


Lo mío siempre fue nada, a los diez ya había descubierto las nadas azules y las nadas blancas mientras los demás ya ingresaban en el equipo del pueblo o la banda de música del colegio, a los dieciocho ya me revolcaba en las nadas del miércoles y las nadas del jueves mientras los demás ya perseguían el algo de una carrera o un doctorado, el algo de un carnet o un máster mientras yo seguía en mi nada, nada de títulos, nada de familia, nada de trabajos, los demás ya estaban fundando el algo de una boda o el algo de unos hijos mientras yo seguía perfecto y como siempre, aferrado a mi nada, nada de compromisos, nada de hipotecas, nada de propiedades, los demás ya eran un algo respetable que acudía a las urnas y adquiría un piso en la costa mientras yo seguía en mi nada estéril y presuntuosa, mi nada que se dice a sí misma, a carcajadas: ¡ya podéis hincharos y ahogaros de algos que yo soy feliz repleto de ceros, mirad cómo flota mi nada!