miércoles, 24 de febrero de 2021

Nos quieren devolver


Me pasó algo triste cuando fui con mi gato Kobe al veterinario. Justo cuando llegué, una chica le estaba contando a la veterinaria que el gato que había regalado a su abuela, nueve días después de la compra, seguía sin dejarse tocar. Lo que le respondió la veterinaria me dejó espeluznado:

—Espera hasta dos semanas y, si entonces sigue sin dejarse tocar, vete a la tienda donde lo has comprado y pide que te lo cambien, porque lo más seguro es que sea así de arisco toda la vida.

Pensé de inmediato en mi gata Lorca, que seguía sin dejarse tocar un mes después de que me la regalaran, y todavía un año más tarde su primer impulso al verme era meterse debajo de la cama. Esta gata sigue tratando con mucha distancia a mis dos gatos sociables Kobe y Broma, y, si alguna vez la medio piso sin querer, se pasa diez días sin querer subirse a mi regazo, rumiando su rencor, como si la hubiera pisado queriendo. Pero nunca se me ha ocurrido “devolverla”, ¡y cómo lo iba a hacer, si es una gata igualita a mí, que también soy raro y rencoroso y no me doy a los demás! Pues ya veis cómo trata la sociedad a los gatos que no se dejan tocar (a los humanos que no nos dejamos tocar tampoco se nos trata mucho mejor). Ese mismo día, cuando Lorca se me subió a las rodillas, se lo dije muy claro:

—Nos quieren devolver, Lorca. No les bailamos el agua y eso les jode mogollón.


jueves, 18 de febrero de 2021

Solo libertad


Solo ensuciar la chaqueta metálica de la noche
..........hasta que salte el leopardo que duerme en la avellana.
Solo agitar la corbata planchada de los relojes
..........hasta que estalle el cristal que defiende la prosodia.
Solo escribir como si fuera la última vez.

Decir, por ejemplo:
El coche que mató a Lady Di daría para un buen anuncio
..........de acordeones.
Decir, por ejemplo:
Me gustaría coger una ola tan alta como el largo de tu pelo,
..........y correrme despacio en tu cara
..........como si fueras una activista de Greenpeace.

Solo atacar las hebras nerviosas del aire
..........como si cada día fuera el colmillo sediento de un perro.
Solo crujir el teclado de las ocho horas
..........con la serpiente de madera de tu maldita ambición.
Solo soñar.

Decir, por ejemplo:
Aquel muchacho aprendió tanto aquella noche
..........que su cerebro ya no cabía por las puertas
..........de El Corte Inglés.
Decir, por ejemplo:
El escote de Rachel Welch ofrece espacio de sobra
..........para que vivan dos avispas y tres clavicordios.
Decir, por ejemplo:
¿Es cierto que el rey vendió a su padre? ¿Es cierto que el
..........rey mató a su hermano? ¿Es cierto?

Solo atajar las líneas rectas de los funerales y crear
..........nuevas variedades de ruido.
Solo gritar sin que pidan gritos y comer carne de ciervo
..........por ninguna necesidad.

Solo libertad
dentro del poema
solo libertad 
solo.


Fui mancha...

FUI MANCHA, fui venda, fui herida, de mis ojos salían balsas desesperadas buscando su catarata, de mis labios palabras muertas que se varaban en la tráquea, sabía que el disfraz de persona se me rompe por las axilas, sabía que el disfraz de humano se me despega a diario por culpa de las carcajadas, soy un gato que solo se deja acariciar en tejados a punto de desplomarse, soy un grano de arroz que aborrece las paellas, una isla que odia los archipiélagos, un lobo que nunca comerá vuestros corderos aunque me los pintéis de oro, aunque me los adobéis de esmeralda, aunque me améis por encargo y me llaméis por mi nombre por vigésima vez cambiado, sabía que mi futuro era la cárcel o la poesía, sabía que mi futuro era la poesía torcida y desatada, no la poesía de cielos azules ni de manos abiertas, no la poesía que parece que está mirando a la cámara mientras pronuncia la palabra "patata": la poesía que yo amo es el jaguar que lleva un caimán de juguete en la boca, es la petunia carnívora, es el jilguero afónico, es el grillo borracho, ¡la poesía que yo amo es el caballo cansado de yeguas que intenta aparearse con los postes del telégrafo!


 


Mi ciudad

En la portada,
American Express y calle Preciados,
capital cultural, nosotros los españoles,
el oso y el madroño, treinta años de paz,
cristal y aluminio, plasma y poliuretano,
en esta casa nació Lope de Vega,
y escrito sin querer en endecasílabo:
“Gracias al Rey llegó la democracia”,

.......................y en letra pequeña,
.......................ratas oriundas y cajeras ecuatorianas,
.......................peones y lavatrices a seiscientos euros,
.......................Angélica x Eduardo, viva la República,
.......................navajazos y jeringas, putas y pintadas,
.......................mientras en calculado verso libre
.......................el policía pide al marroquí:
.......................“Muéstreme la documentación”.

Yareni y Sara contra la tribu y el imperio


Que los más ruines de la patriotería presuman de un tiempo a esta parte del papel de España en la conquista de América me pone de tan mal humor que estoy por escribir una novela de aventuras, el Astérix de América, para hacer frente a tanto imbécil y mala gente, siguiendo el ejemplo y megalomanía de Balzac, que escribe a la condesa Hańska: “La situación exige que escriba una obra maestra”.

El argumento sería el siguiente: año 1585, todo el centro y sur de América está controlado por España. ¿Todo? Todo no: existe una tribu indígena que resiste al invasor. Allí vive Yareni (papel para Jennifer López), mujer del jefe de los textecas, tribu de asombrosos saberes mágicos y alianzas con plantas y animales. Felipe II, desde su corte de Madrid, no puede contener su indignación y envía al mejor de sus capitanes para someter de una vez a la tribu indígena. La mujer de ese capitán es Sara (papel para Elsa Pataky).

En la novela relato las crueldades sin cuento de los soldados imperiales, pero a la vez relato las crueldades no menores de los indígenas (en realidad, mi libro se aleja mucho de Astérix), que rivalizan con los españoles en canallismo y barbarie. Con este paisaje de fondo, y por diversos acontecimientos fortuitos, hacen amistad Yareni/Jennifer y Sara/Elsa. Primero luchan por convencerse de la superioridad y racionalidad de sus respectivas religiones y costumbres (grandes diálogos entre ellas donde dejo en ridículo las tradiciones y ritos de ambas), luego surge el amor, finalmente el sexo…

Es el fin. Ni los indígenas ni los españoles, ni siquiera los frailes dominicos, están dispuestos a permitir tanto. Tanto Jennifer como Elsa son condenadas a muerte por aberración sexual y simpatía por el extranjero. Mientras arden en la pira se lanzan besos con lengua y se frotan el clítoris.

La novela termina con una tregua entre los españoles y los textecas, cuyos jefes guerreros se invitan a cenar. La escena final es exactamente igual que en Rebelión en la granja, solo que donde Orwell iguala a los cerdos con los humanos, yo igualo a los españoles y a los indios. Españoles e indios = la misma mierda.

Tiene que quedar muy clara la moraleja final: solo existe el individuo, que solo se realiza en el amor. Los principales enemigos del individuo y del amor son el clan (la familia), la religión (chamanes indios y sacerdotes católicos), la tribu (los textecas) y el imperio (España).

Por supuesto, las escenas lésbicas entre Jennifer y Elsa van a ser lo mejor del libro y me van a convertir en el Henry Miller del lesbianismo.

Empiezo a escribir la novela YA.


 


La caída

Fue mi historia con ella
como tirarse del décimo
y encontrarse en el aire
con una mujer
que se había lanzado 
del noveno: 
pensé que nos unía el amor,
pero
solo
nos
unía
la
caída.


 


Los pajeros


Los pajeros. Lo mal vistos que estamos los pajeros, incluso entre las personas más abiertas (todo el mundo cultural madrileño es abierto hasta que hablas de los inmigrantes y los pajeros). Anarquistas de los más acérrimos he conocido yo que, para descalificar a alguien de forma definitiva, te dicen:

–¿Ese? Bah, ese es un pajero.

El pajero tiene la misma fama que la mayor gentuza sin haber hecho ni la mitad de cosas malas. En puridad: sin haber hecho ninguna cosa mala. El pajero está visto como una persona turbia, marrana, acomplejada, colgada, psicológicamente descompuesta. A nosotros se nos dirige la misma acusación que a las feministas radicales: como se dice que no follamos, que somos feos, gordos y no triunfamos en el amor, se deduce que nos hemos vuelto pajeros (nosotros) y feministas (ellas).

Yo me pregunto: ¿de dónde procede tanto rechazo, para el poco daño que hacemos?

En el rechazo al pajero hay dos mil años de cristianismo.

En el rechazo al pajero hay dos mil años de penetradores, de activo vs pasivo, de sexo entendido como dominación y humillación del otro. Hay 150.000 años de odio al individuo, de rechazo a la singularidad, de calumnias al que no sirve para formar rebaño.

El pajero es pura fantasía y transgresión que supera fácilmente a cualquier relación sexual. ¿Quieres follarte a tres mujeres a la vez con tres pollas tuyas, quieres que tus mujeres tengan pollas, que tú tengas clítoris? ¿Quieres que cada mujer tenga dos o tres agujeros más, quieres tenerlos tú mismo? Eso es muy fácil de hacer para un pajero.

¿Crees que Rihanna o Beyonce son mujeres inalcanzables? No es cierto, están al alcance de una paja.

¿Crees que es imposible superar el cordón de seguridad de la reina Rania de Jordania? No es cierto, si eres un pajero.

¿Crees que no es posible entrar en el vestuario de Serena Williams y ser maravillosamente sodomizado por ella? No te preocupes, nada es imposible para el Sr. Paja.

En las pajas he sido homosexual, travesti, tranny, camarera; en la pajas he follado encima de una bicicleta (y nunca dejamos de pedalear); en las pajas me he enamorado de un buzón de correos y de un maniquí de escaparate; en las pajas he ido más allá de mí, he ido a veces contra mí: he sido mejor de lo que soy, me he superado.

En las pajas he hecho cosas que vosotros los pobres penetradores no haréis ni en sueños; que vosotros los merodeadores de simples cuerpos reales no conoceréis jamás. Casi me dais lástima, pobres seres cuadrados de mentes cuadradas y pollas cuadradas, lástima vuestra falta de imaginación, vuestro porno barato, vuestros límites. ¡Lástima vuestra limitada masculinidad orgullo de vuestras limitadas madres!


 


El mar de Madrid

Inmigracias por el rostro resuelto y violeta cortado a ladrillo y espinaca.
Inmigracias por el trazo nervioso y fugaz de vuestros pumas niños e insonoros.
Inmigracias por la uva fresca subiendo culebra y a gatas de trilce y vallenato.
Inmigracias por tu lima y quito cantando en la silla su vieja canción de la naranja.

Vosotros sois la peonza y la pulpa alegre en la manzana ya percutida.
Vosotros sois el peligro ansiado y el grano de viento en el trigo monocromo.
Vosotros sois otros sueños bebéis otros vinos pintáis otros blancos otras veletas.
Vosotros me dais el fósforo me curáis el teclado me llenáis de luz el portafolios.

Vosotros sois la rabia de la berenjena.
Vosotros sois el lunes asombrerado.
Vosotros sois la tensión y la vida.


Vosotros sois el mar de Madrid.





La máscara

CUANDO SE borra el rostro hay que aferrarse a la máscara, gritar más fuerte que cuando gritabas en serio, seguir escribiendo poemas como en los tiempos en que sentías los poemas. No traicionar al niño que fuiste es un trabajo que merecería que te apuntaras a una escuela de cine: allí te podrían enseñar también a colocarte el pegamento para que no se te cayera el maquillaje. ¡Qué importa que te hayas rendido ante el espejo, lo importante es no rendirse ante los demás ni siquiera los jueves por la tarde, hacer de radio o megáfono, ser el eufórico de ti mismo, enseñarles tu desprecio hasta que estalle la bombilla que se oculta en las naranjas!


 


En cuántos

Ahora que caminas por las calles con rostro de berenjena
y te crees más feliz que una ardilla con vestido de volantes,
y yo estoy solo y te añoro solo y malvivo tan envenenado
que rumio lento y rencoroso cada pelusa de los segundos,
permite que perverso te pregunte en cuántos, escorpiona,

en cuántos kilómetros de cuerpos tendrás que frotarte
para borrar hasta la última mota insistente de mi recuerdo,
en cuántos bares o callejones sucios te entregarás en serie
mientras la luna te baja despacio la cremallera de tu falda,

con hombres
que ni el tímpano de mí, que ni el cúbito
de mí, con hombres sin vaca de estrellas que ni
la pala de mi canoa,

en cuántos baños torcidos de fiebre te quitarás las bragas
para olvidar las líneas y betunes perdurables de mis manos,
en cuántas playas dejarás que te bronceen la espalda
ante la mirada lasciva de las olas a punto de romperse,

con hombres
que te besarán el labio solo y la lengua sola,
con hombres que te lamerán el clítoris solo
y te penetrarán tan solo,

mientras que yo, niña escorpiona,
yo no besaba solamente lo que va de tu lengua al labio
sino tu muñeca curva de escritora mulata y sobredotada,
yo besaba tu furia de justicia y tus palabras versimotoras,
yo besaba tu huracán de mapas zurdos y zurdas aleaciones,

yo, niña escorpiona,
yo no lamía la mera delicia que sonríe dentro de tu vulva
sino la chica que borracha gritaba rabias y revoluciones,
yo lamía la agitadora que portaba pancartas en el 15M,
yo lamía tu enredadera y tu grano de anís orgulloso,

en cuántos despachos nocturnos restregarás tu columna
para acallar a golpes la gramola antigua de mis canciones,
en cuántos hostales vacíos ofrecerás tu insensata belleza 
para ensuciar con minucia las corbatas que no me puse,

con hombres
que ni el sépalo de mí, que ni mi eslora
ni mi palo de mesana, con hombres
a los que podría aplastar con una metáfora
y que huirán enloquecidos cuando descubran
mis versos,

porque yo, niña escorpiona,
yo no amé tan solo tus espigas de sol
sino también tus espigas de sombra,
yo no amé tus manzanas de Persia
sino de Persia también tus gusanos,

yo, niña escorpiona,
yo sabía mejor que nadie que las mujeres
que vuelan cien aviones más altas
también dañan como cien aviones,

en cuántos pasillos oscuros dejarás tu cuerpo satenado
para extirparme y desaparecerme hasta los raigones,
en cuántos hombros descansarás tus pieles pleamares
para negar lo que te amé y te amaba, lo que te amo,

porque aún te amo, sí,
te sigo amando:
y aún espero como una polilla extraviada
a que me vuelvas a encender la luz
cuando te canses de tus
en cuántos.

 


jueves, 11 de febrero de 2021

La pelea


De todas las guerras que libro,
la guerra contra Euskadi,
la guerra contra España,
la guerra contra el nido 
sin belleza y la belleza
sin justicia,
ninguna tan atroz
como la guerra que libré
contra ella,
todos los días, casa
por casa, a mataperro,
a ver quién gana, aé.
Ahora
que se ha perdido
todo lo que podía perderse 
y me encuentro en el bando
de los que fueron derrotados,
quiero decir de nuevo
que me gustó la pelea,
me sigue gustando la pelea,
siempre
me gustará pelear.


 


martes, 9 de febrero de 2021

El día más importante de mi vida


El día más importante de mi vida
no fue el día
en que mi padre se ahogó en el hígado del cáncer,
ni el día
en que Iratxe me dijo que se llamaba Iratxe,
ni el día
en que toqué las tapas de Los Miserables,
ni el día
en que asumí la soledad y sus caballos,
el día más importante de mi vida
fue 
el
6
de
marzo
de
1974,
cuando nací en el hospital de Cruces en Baracaldo,
cuando nací entre enfermeras de risas y batas blancas,
cuando nací entre botellas de suero y toallas limpias,
cuando nací en uno de esos lugares del mundo
donde los perros acuden a la peluquería,
donde los niños reciben clases de piano,
donde las madres llegan a madres,
donde los ancianos llegan a ancianos,
donde ni siquiera se mata
a los inadaptados
y hasta se les permite el lujo
de escribir versos.


 


jueves, 2 de julio de 2020

Aquí la rosa...


AQUÍ LA ROSA, aquí la piedra, aquí capitán Argentina, aquí aplasté el clavo contra mi frente y demostré la mentira de los martillos, hallé un submarino en una lata de cerveza y me estrellé contra los acantilados de la nada, soy la hormiga que corría llevando un grano de arroz entre las rayas de las cebras, soy un ser definitivo en la mancha y en la caída, yo mismo soy la noria y el enjambre, el beso y el enemigo, el bosque que crece y el árbol que se quiebra, si no quiero abrir más libros es porque tengo miedo de que se escapen las carcajadas, tengo miedo de acabar sirviendo para algo y por eso escribo, me dijeron que la poesía era una golondrina capaz de poner un huevo en el chocolate de la luna, me dijeron que las letras pueden ser trabajadas por cualquier bruto, cualquier sandio puede hacer un cristal cortante si le das un alfabeto de 26 letras, cualquier bobo con tres gatos puede fusilar al amanecer a los césares y a los reyes tartesios si maneja la pluma con el mismo criterio que un kalashnikov borracho, basta conservar el rencor en un vasito de agua y pisar con el corazón descalzo, basta dejar el cuerpo en suspenso y concentrar la fuerza en el dedo índice. ¿Veis esta cicatriz? Me la hice de tanto frotar mi cerebro contra el pasado: yo siempre fui un cóndor idiota que no consigue remontar el vuelo en el calendario.



domingo, 1 de marzo de 2020

Haré lo que sea...


HARÉ LO QUE SEA para cambiar de máscara a mitad de caballo y no entrar en la línea de meta donde reinan los mercados del hombre. ¿Veis esa peonza de niño? Así soy yo, con mucho alcohol y mucha curva y mucho trueno en los cordones desatados. Si pudiera correr más torcido, si pudiera soñar más antiguo, si en los tétanos de mi cuerpo hubiera una tecla para deshacerme… Mi yo siempre es el deseo de otro yo a punto de corromperse: si quieres dispararme solo matarás a un yo hace tiempo abandonado. En los hombres que fui no me encuentro; en los hombres que soy no confío; en los hombres que seré voy ensayando una gran carcajada: ¡Jamás reconoceré la autoría de los textos que se escribieron con un nombre que ya no es mi nombre, jamás aceptaré a las células que insisten en un cuerpo que ya no es el mío, jamás perdonaré al espejo que me devuelva una imagen que no me mueva que no me estire que no me despedace!



jueves, 27 de febrero de 2020

Nada


Lo mío siempre fue nada, a los diez ya había descubierto las nadas azules y las nadas blancas mientras los demás ya ingresaban en el equipo del pueblo o la banda de música del colegio, a los dieciocho ya me revolcaba en las nadas del miércoles y las nadas del jueves mientras los demás ya perseguían el algo de una carrera o un doctorado, el algo de un carnet o un máster mientras yo seguía en mi nada, nada de títulos, nada de familia, nada de trabajos, los demás ya estaban fundando el algo de una boda o el algo de unos hijos mientras yo seguía perfecto y como siempre, aferrado a mi nada, nada de compromisos, nada de hipotecas, nada de propiedades, los demás ya eran un algo respetable que acudía a las urnas y adquiría un piso en la costa mientras yo seguía en mi nada estéril y presuntuosa, mi nada que se dice a sí misma, a carcajadas: ¡ya podéis ahogaros de algos que yo soy feliz repleto de ceros, mirad cómo flota mi nada!



domingo, 23 de febrero de 2020

Autorretrato


Este que veis desgarbado, sin percha ni músculos ni nada prominente salvo su nariz, que sostiene que su fealdad es una belleza “a la que aún no ha llegado su momento” y prepara una tragedia en la que Picio asesina a Adonis,

este cuyas luchas casi únicas son las intestinas que mantiene en la asamblea de voces que es su cabeza, en la que no se respeta el turno de palabra, tan confusa que a veces se prohíbe hablar consigo mismo para evitarse malentendidos,

este que alardea de haber pintado 1487 graffitis en las paredes y cubos de basura de Madrid, y reta a la policía madrileña a que cambie sus agentes por otros del equipo jamaicano de atletismo, con el fin de que tengan alguna posibilidad en las persecuciones,

este que se ve a sí mismo como el Garibaldi del aerosol y el Espartaco del rotulador permanente, como si las frasecitas cómicas que pinta hubieran tumbado a algún gobierno o fueran el insomnio del Ibex 35,

este que escribe con un tenedor de verdad y cuatro cucharas de mentira, siempre arrimado a su antena hiperbólica, con la que ha presentado una versión del amor muy parecida a caminar desnudo entre francotiradores por las calles de Beirut,

este que mira con ojo fenicio a las mujeres tóxicas, a las que se acerca con la miserable idea de convertirlas en poemas, pues se le ha oído decir en las tertulias, con frío cinismo de esquimales, que “si una mujer no es capaz de hacerte daño, nunca se volverá inolvidable”,

este que es sissy travesti y tan andrógino que, emplazado por algunas chicas a que demuestre con hechos las insinuaciones eróticas que les lanza por WhatsApp, a la hora de la verdad se da a la huida, dejando su masculinidad más cuestionada que la Sábana Santa,

este que gusta de mirarse al espejo con sus propios ojos e insiste en ver un héroe donde los demás solo ven un bufón, un lobo solitario donde los demás solo un cordero asustado, y, puestos a reconocer defectos, solo se encuentra alguna “laguna” donde los demás le encuentran el Mar Caspio,

este que de la humildad aún no ha tenido conocimiento, y mantiene su ambición tan a salvo de sus continuos fracasos que a su muerte necesitará un doble ataúd, uno para su cuerpo y otro para su ego, 

este que ve opresiones por todas partes y ha insultado y escupido a la familia, la amistad, la patria, la iglesia, la escuela, los partidos, los sindicatos y toda asociación cuyos miembros superen la cifra de uno,

con tanta coherencia que ha terminado recluido en el desierto perfecto de un piso de Carabanchel, con tres gatos y una soledad en su caso muy merecida, dedicado a masturbarse y peinar sus rencores,

este es el que se hace llamar Batania y también neorrabioso.