lunes, 17 de mayo de 2021

Tu recuerdo sigue ganando metros al mar


Tú siempre serás mi alcohol y rayo de seda, mi gárgola y cocodrilo, la mujer leguminosa que germina contra el plomo y el pedrisco, la bala de algodón que alojada en mi cabeza no me sangra ni me mata ni abandona. Vendrán otras mujeres pero tú seguirás siendo de otro octanaje, vendrán otras olas pero tú por encima de ellas, vendrán otros nombres pero qué nombres si yo solo mastiqué el tuyo: yo solo sentí que me ampliaba al pronunciar Iratxe.

 

domingo, 16 de mayo de 2021

Qué lástima


¡Qué lástima nos dais,
madrileños sopladores de banderas,
qué lástima vuestra triste ciudad
parada en el mismo lugar de la tierra!

¡Qué lástima vuestros hombres heteros
que nunca ofrecerán sus pollas
por miedo al semen de las linternas!

¡Qué lástima vuestras mujeres heteras
que nunca ofrecerán su culo
a los taladros de las cervezas!

¡Qué lástima vuestros policías milojos
que al negro vigilan y acosan y encarcelan!

¡Qué lástima
tanto fuego que no arde,
tanta ley que no abriga,
tanto alcohol que no prende,
tanta paz que no llena!


¡Madrid capital de nada,
que naciste sola y morirás sola,
qué lástima!

 

sábado, 15 de mayo de 2021

Las nuevas flores de la desobediencia

Siempre habrá monjas malcaradas que lean torcido el Evangelio. Y niños que seguirán naciendo con un erizo en la cabeza. Y mujeres con un solo ojo lleno de ojos y dentro más ojos. Nuevas formas de rebeldía como vencejos a ras del suelo se reirán de las águilas imperiales. Nuevas flores de desobediencia hasta ahora ni siquiera soñadas se cultivarán en los arrabales donde viven los nadies. Formas de vida hasta ahora imposibles saldrán por fin de la botella. Pasará algo. Saldremos de los ataúdes donde vivimos. Vendrán noches tan espléndidas que se necesitará un nuevo idioma para comprenderlas. Amores tan intensos que faltarán poetas para cantarlos. Ideas tan asombrosas que bastará pronunciarlas para que este mundo se vuelva más libre y más alegre y más hermoso.


viernes, 14 de mayo de 2021

Tanto te quiero...


Tanto
te quiero,
Natalia,
que me tir
.............ar
…..........ía
.............contigo por las
..................................es
..................................ca
..................................leras y te be
................................................. sa
.................................................
..................................................a uno a uno
................................................................. en
..................................................................to
..................................................................dos los escalones.


jueves, 13 de mayo de 2021

Mi memoria, esa gran novelista


Me pregunta una chica en Instagram por la verdadera razón de que empezara a escribir. Me dice que no le ha quedado claro después de leerse varias entrevistas y que la necesita para un trabajo que está haciendo sobre mí. Le respondo con este sermón: 
No hay una sola razón sino muchas a las que se ha añadido alguna otra, porque mi cerebro es un gran farsante y tiende a darme en el corto plazo las explicaciones que me convienen y solo en el largo plazo me descubre las razones quizá más verdaderas, que siempre son más sucias. A 18 de octubre de 2019, creo que me puse a escribir por la conjunción de estas razones, no las ordeno jerárquicamente:
—Se muere mi padre, tengo 30 años y no he hecho nada en la vida. En ese momento me dedicaba a trabajar de campesino, a acudir a ferias agrícolas y, sobre todo, a jugar a pelota mano o a pala (cuando digo “sobre todo” es porque igual le dedicaba seis o siete horas al día al frontón). O sea, que siento que estoy tirando mi vida.

—La muerte de mi padre me ha dejado destruido y sucede que, por una minucia que sucedió en su lecho de muerte, le echo la culpa a Euskadi y España. Desde luego, que mi padre muriera por culpa de Euskadi y España en lugar de por todo lo que bebió y fumó y lo poco que se cuidó en su vida es una estupidez muy grande, pero así era yo entonces, supongo que necesitaba echarle la culpa a alguien.

—Me paso los nueve meses que transcurren desde la muerte de mi padre hasta mi llegada a Madrid con el cerebro lleno de fuego. ¿Qué es la sociedad, más que un pacto de narcisismo entre sus miembros? ¿Qué es el poder del estado más que violencia que-está-bien-vista? ¿Es lícito que la colectividad destruya a mi padre por el interés general? ¿Tienen Euskadi y España algún proyecto humanista o el único proyecto que tienen es el de perdurar e impedir a sus ciudadanos que se den cuenta de que pertenecen a una realidad mucho más amplia, la humana y planetaria? ¿Qué proyecto es ese donde no me enseñan idiomas y me obligan a leer a Azorín en vez de a Dostoyevski, donde me urgen a animar a Marino Lejarreta en vez de a Bernard Hinault, más que un proyecto de analfabetización nosotrista? ¿Por qué me piden que sea/defienda/pertenezca a un lugar, si lo único que quiero es vivir en él? ¿Qué tipo de cáncer son esos llamados Euskadi o España, cómo esos monstruos pueden tener partidarios? 

—Paralelo a este estallido de ideas en mi cerebro, que piden salir afuera, empiezo a recordar que de pequeño, en el colegio, muchas personas, entre ellos profesores, decían que yo valía para escribir, que tenía que dedicarme a la literatura, recomendación que nunca seguí porque lo que me gustaba era el deporte. Ahora recupero la idea, una vez que ya sé de qué quiero escribir y que tengo necesidad física de hacerlo. ¿Y por qué no pensé en meterme en la política o en los movimientos sociales, ya que mis querencias eran político-sociales? Pues porque desde el principio me di cuenta de que soy una respiración asocial y que mi política iba a ser política de autor a lo Thoreau o Saint-Exupery. También porque tenía la intuición de que lo confesional intenso es literatura. Luego resulta que he escrito más poemas de amor que poemas políticos, pero es que lo político quema mucho y acaba aburriéndote.

—Mi familia me pesaba mucho. Tras la muerte de mi padre, me quedé con mi madre y mis tres hermanas, que eran mujeres muy duras, muy prácticas y muy fuertes, todo lo contrario que yo, que soy un vago lírico. No sé por qué, necesitaba librarme de ellas. Jamás me habría atrevido a hacer una pintada en una pared o a escribir que de las patrias no debería quedar piedra sobre piedra si luego tengo que regresar a mi caserío y ver la cara de mi madre y mis hermanas.

—Había hecho un viaje previo a Madrid de cinco días y había leído en sus diarios la sección de anuncios laborales. Descubrí que en la capital existían muchos trabajos nocturnos de portero, conserje, vigilante, etc, muy mal pagados, pero adecuados para leer y escribir mucho. Este aspecto es fundamental, porque en Vizcaya, en los cuatro trabajos en que estuve, duré como mucho cinco meses, porque trabajar de verdad es algo que no puedo sufrir. Por otra parte, Madrid es la capital de España y origen de esa locura patriótica que considera la unión y la cohesión como los valores máximos (a mí me parecen antivalores, tal como están propuestos), por lo que era el lugar ideal para desarrollar mi proyecto.

Por tanto, la razón de que me pusiera a escribir es un poco la conjunción de todo esto, la muerte de mi padre + el nacimiento de ideas nuevas contra la sociedad y la patria generadas por esa muerte + la recuperación de un antiguo proyecto infantil, el de escribir, que ahora cobra sentido + la necesidad de librarme de mi familia y de la vida sin ambiciones que llevaba + los trabajos nocturnos de Madrid, ideales para vagonetas como yo.

Pero esas son las razones hasta ahora: verás cómo en los próximos años descubro que existió otra razón que fue la verdadera y blablablá, porque no hay nada más móvil que el pasado si lo controla una memoria tan novelista como la mía.



miércoles, 12 de mayo de 2021

Hubiera yo...


Hubiera yo nacido en una tierra
con una sola calle
y una sola tasca
y una sola fuente,
con una lengua tan linda
que no pudiera llamarse Lengua,
con una historia tan corta
que no pudiera llamarse Historia,
con mujeres feas y torcidas
que se entregaran a cualquiera
sin promesas ni para siempres,
hubiera yo nacido en una tierra
sin nadie a quien atacar
y nadie a quien defender,
sin ningún caballo de mármol
que deba soportar a un héroe
con más pedestal que estatua,
¡hubiera yo nacido
en un lugar tan pequeño
que no supiera de himnos
ni de orgullos
ni soldados
ni banderas!

martes, 11 de mayo de 2021

Bienaventurados los sin fruto, porque nunca tendrán gusano


Antes estaba tan obsesionado por que mis frases no coincidieran con las de otros, que hasta las subía entrecomilladas a Google antes de pintarlas en los cubos, pero a medida que he ido leyendo a los grandes aforistas universales me he dado cuenta de que es una preocupación exagerada: la mayoría de aforistas tienen frases casi iguales a las de otros e importa bien poco, porque donde se examina el hacedor de frases es en el conjunto, en la panorámica, en el diagnóstico que ofrece de la sociedad o en su filosofía vital de alcance. El aforista se puede contradecir y la contradicción forma parte de su trabajo, pero mal aforista será si su trabajo consta solo de contradicciones, si es como aquel arquero famoso, de puntería tan desastrosa, con el que Sócrates solo se sentía seguro colocándose en el centro de la diana.

Aunque sigo en mi época semeocurrista del aforismo y sigo lanzando mi flecha hacia cualquier parte, voy viendo poco a poco hacia dónde tiene que ir mi aforismo de alcance, el panorámico: tengo que escribir un aforismo que sea la alternativa y denuncia del aforismo neoliberal que llena los libros de autoayuda de hoy. El aforismo neoliberal invita a trabajar, a tener autoestima, a levantarse después de caer, a ser sólido, a decir la verdad, a marcarte metas, a cumplir tu palabra, a tener disciplina, a madrugar, a ser líder, a ser decidido, a tener tesón, a fortalecer la voluntad. Es un aforismo para crear seres cuadrados y cyborgs de competición que no desperdicien ni una gota de energía en nada que no sea un objetivo previamente fijado. El aforismo más terrible que he leído en esta línea, ya no recuerdo a qué gurú, es este:

El 90% del pensamiento interior es perjudicial.

Digo terrible porque, en el intento contra natura de convertir a personas de carne y hueso en napoleoncitos mentales, ese aforismo neoliberal dice la verdad: que el pensamiento interior te hace más complejo pero te lleva muchas veces a la duda y a la inseguridad y a la multiplicidad estéril, mientras que la carencia de él te vuelve más simple y te lleva a la acción por la acción, a la actividad recta, centrada y ganadora, sin estorbos ni escrúpulos de ningún tipo.

Frente a este aforismo neoliberal, el aforismo neorrabioso tiene que ir creciendo en favor de los vagos, de los desastres, de los que no soportan las ocho horas laborales, de los que son incapaces de orden y disciplina, de los que ya se han dado cuenta de que quedarse en el suelo es la mejor manera de no volverse a caer. Debe ser un aforismo contra la cohesión y la identidad, un aforismo que se dirija a un público que ni siquiera desea realizarse, por lo que tiene la realización de conclusión, de fin del viaje. El aforismo neorrabioso dice: Bienaventurados los seres sin voluntad, porque nunca incendiarán Persépolis ni destruirán Tenochtitlán. Bienaventurados los perros ladradores, porque nunca serán mordedores. Bienaventurados los enanos, porque nunca harán sombra a otros. Bienaventurados los sin fruto, porque nunca tendrán gusano. Es un aforismo que no debería ser agresivo con el aforismo dominante/neoliberal sino que trataría de boicotearlo con humor, en el plan de: “Bueno sí, a mí también me gustaría ser Chuck Norris, pero es que dar puñetazos me estropea las uñas. Bueno sí, a mí también me gustaría ser Margaret Thatcher, pero es que jugar con mis gatos me parece más excitante que la Guerra de las Malvinas”.



lunes, 10 de mayo de 2021

Y va y me dice


Y va y me dice
que basta mi energía
para romper los equilibrios.

(Para qué, me pregunto,
si no sé adónde dirigirla).

Y va y me dice
que uno solo de mis besos
le hace olvidar las ocho horas.

(Pero un beso pide otro,
y el segundo ya no es lo mismo).

Y va y me dice
que voy a ser el mejor
poeta político del mundo.

(En eso le doy la razón porque,
triste de mí, seré el único).

Y va y me dice:
todavía no te gusta Madrid,
pero a Madrid ya le gustas tú.

(Iratxe. Iratxe. Iratxe. Iratxe. Iratxe).



domingo, 9 de mayo de 2021

Oler a mí


Una de las maravillas y felicidades de vivir solo es que te puedes regodear en ducharte una sola vez al mes, dos como mucho en el caso de que realices algún esfuerzo extraordinario, y esa práctica no solo es una aberración sino que es la mejor manera de conservar el olor de tu cuerpo, perdido a menudo en nombre de la sobre-higiene que te impone esta idiota y falsa y esnobista sociedad. Un cuerpo tiene que oler a cuerpo: si lo lavas y duchas y frotas y embadurnas cada día con productos comprados a los mercaderes, pierde sus propiedades y pasa a oler a limpio o a no oler a nada, porque se queda sin defensas y queda expuesto a cualquier olor ajeno. En las temporadas en que he vivido con otros y que, por respeto a la locura ultrahigiénica que comparte casi todo el mundo, he tenido que transigir en ducharme todos los días, he podido comprobar que cuanto más me duchaba más me afectaba el menor esfuerzo o sudor más mínimo, que me hacían oler mal enseguida, porque mi cuerpo había perdido esas propiedades regeneradoras que eliminan los olores; mi cuerpo, que antes era un cuerpo fuerte que olía a cuerpo, se había vuelto un cuerpo débil que solo olía a limpio; había cambiado su olor natural, que es personal e intransferible, por un olor standard y artificioso. Y aunque en este asunto la incomprensión que padezco es general, me gusta recordar que en el Reino Unido, durante la sequía que padeció a principios de los 90, el entonces primer ministro John Major compareció en televisión y dijo, con vistas a dar ejemplo para que la población consumiera menos agua, que su mujer y él, aunque se lavaban las manos y la cara todos los días, solo se duchaban una vez cada quincena, y que era más que suficiente para conservar la higiene. ¡Una ducha cada quince días! ¿Os imagináis la catástrofe capitalista que acontecería si nos aplicásemos el cuento del primer ministro británico, lo que nos ahorraríamos en recibos del agua, pócimas, ungüentos, champús, gels, acondicionadores y demás fruslerías del mercado? Pero da igual: ya sé que éste es un asunto perdido desde que la sociedad de consumo logró que nos pareciera que huele mal el olor natural de nuestra piel. Así que os doy toda la razón. Por tanto, seguid siendo felices oliendo a limpio, que yo prefiero ser feliz oliendo a mí.


 

sábado, 8 de mayo de 2021

Los extranjeros


Ningún águila de oro volaba sobre Lauros
el día en que nació mi padre; en Astobieta
no había escudos de armas ni aldabas repujadas;
no había arpas ni acordeones ni libros
duros en anaqueles de cedro. Mis ancestros
fueron hojalateros, patateros, cabreros,
molineros, peones, carreteros, labriegos
que miraban la luna para plantar las berzas,
pastores que ordeñaban vacas, castraban toros,
mataban gatos blancos, segaban hierba fresca
tres veces cada año, montaban el caballo
sobre la yegua y recogían argoma,
yo
procedo de un linaje sin linaje,
de una aldea de avena sin historia,
un pueblo protegido y forrado de silencio,
un pueblo de solos y de nadies.

Nadie de Lauros rindió Tenochtitlan.
Nadie persiguió ballenas hasta Terranova.
Nadie posó ante el árbol de Gernika.
Nadie lloró al derogarse los fueros.
Nadie se alzó contra los franceses.
Nadie supo del 98.

Yo quiero contar una historia, la historia
del hombre Euskadi y el hombre España,
la llegada de los hombres de las banderas
con el dedo acusante y los ceños fruncidos
a mi pueblo labriego de boronas y de nadies.
Cómo tomaron Lauros. Qué nos dijeron.
Cómo nos hicieron creer que ganamos batallas
en guerras fabulosas donde nunca luchamos.

Yo quiero contar la historia del hombre
que olvidó a su pueblo de nadies
hasta que vio a su padre agonizando
y entonces recordó
que en su casa no había escudos de armas,
en su casa no había retratos al óleo,
en su casa nunca nació un militar,
en su casa nunca un escritor,
en su casa nunca nadie fue nadie.

Yo soy esa historia. Soy el hombre
que cambió la azada por la pluma
y quiere cantar lo suyo y de nadie.
Soy el hombre que quiere
morder y pisar las rosas.
Soy el que miraba las botellas de suero
en la agonía de un hospital
y descubrió el bulto cancerado
que ocultan las historias grandes.
Y dijo: yo soy nadie
y los vascos son extranjeros.
Y dije: yo soy nadie
y los españoles son extranjeros.

Y digo: viva nadie
y guerra al extranjero.