miércoles, 2 de mayo de 2018

Los pétalos y la cocaína


Jamás dije que fuera mía. A ella sí le gustaba decir que Batania era suyo, pero yo nunca dije que Iratxe fuera mía. Esto me llena de orgullo, porque…, ¿qué es mío y qué es tuyo en este cansancio de puentes? Mío y tuyo: monoteísmo de ciclanes e impedidos, talibanes cobardes o personas de un solo libro. Yo no amo a una mujer en particular sino a la mujer en general, esto debo escribirlo cuanto antes porque, si no fuera así, ¿qué valor el destello de Iratxe, el turbión de Iratxe, su animal increíble? Precisamente porque puedo enamorarme de todas y me he enamorado de muchas presumo de que mi amor por ella fue un caballo de gran eslora, fue un amor más fuerte, casi un planeta. Cómo iba a lamentar la pérdida de una propiedad que nunca tuve: lo que lamento es la pérdida de la prevalencia, de esa mirada suya que me hacía sentirme una encina azul, un perro de triple ladrido, un dado con siete caras, alguien di-fe-ren-te. Por eso amé por igual sus pétalos y su cocaína, su pelagra y su bolsa de naranjas, por eso le escribía poemas tratando de celebrar sus defectos, esto es, de negarlos...