domingo, 23 de febrero de 2020

Autorretrato


Este que veis desgarbado, sin percha ni músculos ni nada prominente salvo su nariz, que sostiene que su fealdad es una belleza “a la que aún no ha llegado su momento” y prepara una tragedia en la que Picio asesina a Adonis,

este cuyas luchas casi únicas son las intestinas que mantiene en la asamblea de voces que es su cabeza, en la que no se respeta el turno de palabra, tan confusa que a veces se prohíbe hablar consigo mismo para evitarse malentendidos,

este que alardea de haber pintado 1487 graffitis en las paredes y cubos de basura de Madrid, y reta a la policía madrileña a que cambie sus agentes por otros del equipo jamaicano de atletismo, con el fin de que tengan alguna posibilidad en las persecuciones,

este que se ve a sí mismo como el Garibaldi del aerosol y el Espartaco del rotulador permanente, como si las frasecitas cómicas que pinta hubieran tumbado a algún gobierno o fueran el insomnio del Ibex 35,

este que escribe con un tenedor de verdad y cuatro cucharas de mentira, siempre arrimado a su antena hiperbólica, con la que ha presentado una versión del amor muy parecida a caminar desnudo entre francotiradores por las calles de Beirut,

este que mira con ojo fenicio a las mujeres tóxicas, a las que se acerca con la miserable idea de convertirlas en poemas, pues se le ha oído decir en las tertulias, con frío cinismo de esquimales, que “si una mujer no es capaz de hacerte daño, nunca se volverá inolvidable”,

este que es sissy travesti y tan andrógino que, emplazado por algunas chicas a que demuestre con hechos las insinuaciones eróticas que les lanza por WhatsApp, a la hora de la verdad se da a la huida, dejando su masculinidad más cuestionada que la Sábana Santa,

este que gusta de mirarse al espejo con sus propios ojos e insiste en ver un héroe donde los demás solo ven un bufón, un lobo solitario donde los demás solo un cordero asustado, y, puestos a reconocer defectos, solo se encuentra alguna “laguna” donde los demás le encuentran el Mar Caspio,

este que de la humildad aún no ha tenido conocimiento, y mantiene su ambición tan a salvo de sus continuos fracasos que a su muerte necesitará un doble ataúd, uno para su cuerpo y otro para su ego, 

este que ve opresiones por todas partes y ha insultado y escupido a la familia, la amistad, la patria, la iglesia, la escuela, los partidos, los sindicatos y toda asociación cuyos miembros superen la cifra de uno,

con tanta coherencia que ha terminado recluido en el desierto perfecto de un piso de Carabanchel, con tres gatos y una soledad en su caso muy merecida, dedicado a masturbarse y peinar sus rencores,

este es el que se hace llamar Batania y también neorrabioso.