sábado, 8 de febrero de 2020

Palabra de troll


Sí, soy un troll. De esos que no tienen vida ni novia ni amigos. De esos que en la calle no tienen ni media hostia pero se vuelven muy valientes delante de las teclas de un portátil. Ya sabéis lo que hacemos los trolls. Nos dedicamos a joder al prójimo. Allí donde notamos algún consenso o algún lazo social, aparecemos para arruinar la fiesta. Siempre sin dar la cara, por supuesto, escudados en multinicks y seudónimos, solo por estar a la altura de nuestra miseria. Estamos amargados, somos rencorosos, nuestro interior rezuma odio, somos gentuza. No podemos tolerar que algo triunfe o que la gente sea feliz, no soportamos a los que se elevan y brillan y tienen talento porque nos recuerdan lo que somos nosotros, unos tristes pajilleros mediocres que malviven en un antro lleno de cucarachas. Así somos los trolls. Como soy uno de ellos, quería comunicaros que no voy a votar en las elecciones del 28 de abril y que ya he encargado la camiseta “SÍ, YO ME QUEDÉ EN CASA EL DÍA EN QUE ESPAÑA VOTABA AL FASCISMO”. Sí, eso voy a hacer. Porque soy un troll. Y como troll pienso que el fascismo ya había llegado, que el fascismo es El Tarajal, las concertinas, los CIES, las repatriaciones exprés y las redadas según el color de la piel. El fascismo es indultar a policías condenados por torturas. El fascismo son los miles de ahogados en el Mediterráneo mientras se impide que el Open Arms salga del puerto. El fascismo es que los sin techo y los inmigrantes no tengan derecho al voto. El fascismo es que te obliguen a pertenecer, amar y defender el lugar donde simplemente quieres vivir, en nombre de una palabra, “patria”, que me da asco y a la que deseo su fin más próximo. Así que meteos vuestra papeleta y vuestra "fiesta de la democracia" por el culo. Fijaos bien en lo que he dicho: que os metáis vuestra papeleta por el culo y que deseo ver con mis propios ojos el fin de España. Si seré miserable. Si seré escoria. Si seré pedazo de troll.