sábado, 8 de febrero de 2020

Si no puedo contarlo no quiero amarla


Escribo sin querer y porque a ella le da la gana. No sufro ni trabajo, tan solo abro el cuaderno y las natalias que guarda mi mente, con coleta o sin ella, van saltando a las hojas con las manos limpias y se ponen solas en las líneas, una a una, mientras fuman fuerte o tararean canciones de Nacho Vegas. Qué espectáculo verlas correteando por el papel mientras se van probando las letras, la natalia de allá una hache, la de acá una uve, la del medio una zeta, la del fondo gritando, chicas, queda media hora, salimos en el blog a las 10:45, la entrada se llamará Si no puedo contarlo no quiero amarla, estáis avisadas.

Basta con enamorarme para que la amada me escriba todo y me sea todo, lo mismo la rana y la princesa, el hangar y el avión, el atril y el poema. Solo perseguí a esta chica porque me parecía la mejor de todas, la hembra de mayor cilindrada. Y eso debe saberse. Que se sepa, que se sepa.

Nada de quererla en secreto o amarla sin decirla. ¿Queréis que sea feliz en la sombra, sin tambores ni cablegramas? ¿Que sea humilde, de verdad humilde y qué asco humilde? No, lo siento. Yo no he estudiado de eso. No concibo a Natalia sin festejarla. Si no puedo presumir no quiero vivirla. Si no puedo contarlo no quiero amarla.