domingo, 1 de agosto de 2021

Todavía escribo mal, pero pronto lo haré peor


HUBO UN tiempo en que me creía el mejor poeta del mundo, pero comencé a leer. Lo primero que descubrí con desilusión es que los poetas clásicos utilizan docenas de miles de palabras que yo no utilizaba, lo que me hizo sentir por primera vez una gran inferioridad. Pero seguí leyendo: descubrí que la prosodia de los grandes poetas era mucho mejor que la mía, porque ellos no solo se fijan en las palabras o los versos o las estrofas, ¡se fijan también en los acentos, los fonemas y las sílabas! Con la autoestima ya muy tocada, masoquista de mí, seguí leyendo: ¿os queréis creer que descubrí que los poetísimos, cuando escriben "rosa", no quieren decir siempre rosa, sino que la usan como símbolo de dios sabe qué selvas o laberintos? ¿Os queréis creer que averigüé que muchos poemas de los maestros ocultan una cosmovisión para cuyo discernimiento puede ser necesario conocer tal corriente filosófica o tal libro de Wittgenstein o Heidegger? Como podéis imaginar, para esas alturas ya había pasado de creerme el mejor poeta del mundo a creerme un poeta solo malo. Sí, habéis oído bien: de momento "solo" soy un poeta malo. Porque sigo leyendo, lo que significa que pronto seré peor.